Política

Día de la Mujer

8 de marzo. Día de la mujer. Sin duda un día golpeador. Todavía en este mundo capaz de producir cantidad de artefactos, literatura, educación, legislación y mucho más no ha logrado, todavía, una igualdad equitativa entre hombre y mujeres. Necesitamos el Día de Mujer para recordad esa deuda cultural que implica el diferente punto de entendimiento entre hombres y mujeres.

La naturaleza en su diseño definió la posibilidad de la reproducción de los animales. Se le ocurrió hacer unos animales machos y otros hembras. Y el ser humano, heredero de todas las cualidades y algunos defectos de los animales mayores también tiene dos géneros: masculino, llamados hombres, y femeninos, llamados mujeres. Y definió que el modo de crecimiento de la raza humana fuera mediante la unión sexual de un masculino con una femenina. Y así creció la humanidad hasta nuestros días.

Y la cultura, ya no la naturaleza, ha tenido mil y un pensamientos y realizaciones culturales para darle vigor a ese modo de crecimiento de la humanidad. También la cultura, ese pensamiento de las personas humanas para resolver las necesidades y los problemas del crecimiento y superación de la raza humana, fue, poco a poco, haciendo distinciones entre mujeres de hombres, y de algún modo muy poco feliz, se fue aceptando al masculino como jefe del grupo humano, y por tanto dominara al femenino. Por eso no es natural el dominio del hombre sobre mujeres en ningún sentido o terreno. Es plenamente cultural. Una creación decisiva de la raza humana.

Esa dominación masculina y la correspondiente sumisión femenina, la cual – reitero – no es natural, fue iniciada por distribución de funciones en el grupo y en la comunidad y en algún momento (quizá siglos de por medio) se hizo esclavitud y dependencia. Situación ésta nunca aceptada por mujeres pensantes y creadoras de elementos culturales. Una mirada a esa historia, larguísima en el tiempo, se puede recuperar en el libro de Irene Vallejo, el Infinito en un Junco.

Los dos siglos en los cuales hemos consolidado la ciencia y la técnica de manera brillante, con grande creatividad, por diferentes núcleos humanos dispersos en la tierra, hemos aumentado los años de vida de las personas, hemos aprendido a preparar a los niños y niñas para participar de todos los elementos de la cultura; inventamos formas muy eficientes de transporte, de educación y de relación. Reinventamos la democracia y buscamos superar las deficiencias culturales de esa forma de gobierno y de vida.

No hemos sabido detener la criminalidad, egoísmo fundamentalista; tampoco sabemos hoy como evitar la desviación de la propiedad como fuente de poder, a pesar de la democracia, hoy en proceso, muy inicial, de transformación de la política hoy degradada, en un nuevo sistema mas satisfactorio de manejo del poder público.

Y aun persista la cultura de mujeres, por un lado, hombres por otro. Se ha adelantado en normas, leyes, motivaciones, realizaciones limitadas… pero la cultura se resiste. Quizá en este siglo XXI demos pasos firmes en la igualdad entre los sexos, no sólo legal, sino en los imperativos de la cultura. Es claro que no se trata de hacer una sola versión y producir un mujehom o un ombrujer tal como alguien con su IA ha mencionado para su próximo robot.

Estamos ante los límites de la cultura de la ley en estos temas. La ley está de acuerdo con la búsqueda de mejores formas, y sin embargo, el tema ha pasado a cómo creamos el modo de ser igualitarios. Si resaltamos el soy hombre y el soy mujer se nos olvida el cómo somos eso. Los grandes inventos técnicos y sociales se olvidan del qué y se fijan en el cómo. La cultura no acaba en el qué. Para ser culto cabal se requiere construir un cómo eres ese culto, cómo lo haces realidad en la realidad mundana, tal que sea cognoscible y reconocible por cualquier otro humano. Nada fácil y sí posible.

Un ejemplo podría ser la reforma a la ley del trabajo para que todos los puestos disponibles en ese mundo tuvieran una versión para hombres y otra para las mujeres de manera tal que fuera posible que el hombre trabajara 20 horas en la fábrica, la oficina… y la mujer las otras 20 y entre los dos consiguen las 40 hoy a punto de ser vigentes. Hace posible que el hombre trabaje en el hogar en esas 20 disponibles, haciendo labores antes femeninas: lavar la roja, hacer las comidas, ir por los niños a la escuela, pagar las cuentas, barrer, trapear y limpiar los baños y el patio. Ah, y cuidar a los adultos mayores.

El ser humano es cultura. Esta generación podría hacer y practicar nuevas formas que sustituyan a las actuales pues demuestran día a día su baja funcionalidad. Veremos.


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Miguel Bazdresch Parada
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