En mis tiempos no existía el término bullying, como tal, cuando mucho era carrilla o acoso que se revolvía a golpes o haciéndote amigo del buleador, que por lo general era mucho más fuerte y por eso abusaba de los demás.
Como todo en la vida, ese fenómeno social ha evolucionado incluso hasta provocar tragedias, porque la presión ahora es más intensa, y potencializada a través de las redes sociales.
En la escuela Idalia Cantú de Livas donde estudié la primaria en Monterrey, hace ya muchos años, había un cuate llamado Bartolo, que de entrada te recibía con un "zape" o un coscorrón, pues era su manera de demostrar la "superioridad" sobre el resto de los compañeros de clase.
Lo fue hasta que un valiente lo puso en su lugar, y se acabó su "reinado" el cual duró poco tiempo, porque ni siquiera era un buen estudiante y por obvias razones tampoco siguió sus estudios y su historia terminó mal.
Pese a que eso fue en la infancia, quedó marcado en mi memoria, aunque en honor a la verdad ni siquiera volvimos a saber de ese chamaco, que si vive es un adulto mayor seguramente sin mayor trascendencia, porque sus acciones quedaron en el entorno escolar.
Sin embargo, hoy en día, el bullying representa un serio problema en los más de 15 mil planteles públicos y privados en Puebla, por lo que me llamó la atención la iniciativa del alumno de sexto grado de nombre Raúl González Márquez, del Centro Escolar General Rafael Cravioto Pacheco en el municipio de Huauchinango.
Desde hace dos años diseñó y puso en marcha una estrategia denominada la Patrulla Antibullying, donde él y otros cuatro compañeros acompañados de un maestro, recorren las instalaciones en horarios de alta concentración para prevenir los abusos.
Su idea consiste en detectar algún comportamiento irregular que vulnere o ponga en riesgo la integridad de algún niño o niña, y apoyarlo en caso de ser necesario.
Según explica, durante alguna etapa fue una víctima, y lejos de tomar venganza o permitir los agravios en su contra, preparó un esquema que desde hace dos años se aplicó en su escuela. Bien por Raúl, porque eso ayudará a que haya menos "Bartolos" en las escuelas y erradicar la violencia que algunos jovencitos ejercen sobre las personas pacíficas.