A nuestro México le golpea una triste realidad, la democracia lo único que ha logrado es alternancia en el poder, permitir la pluralidad, impedir la hegemonía, y nada más, pues los cambios de partido en el gobierno no han terminado con las nefastas inercias de las que se ha impregnado la clase política del país. Las prácticas de corrupción, por más de que hoy se canten sandeces respecto a este tema, no han cesado, la opacidad, la falta de rendición de cuentas y las ocurrencias, que se plasman en políticas, y políticas que se ejecutan sin planeación y medición están terminando por desacreditar a las instituciones que deberían de hacer fuerte al Estado Mexicano.
Hemos refrendado en cada gobierno, porque esto no es de la 4T, estimado lector, una ineficiencia de las instituciones, evidentemente el sistema de justicia es inoperante, los cuerpos de seguridad pública de los tres niveles de gobierno son débiles ante el crimen, las fiscalías no se quedan atrás, hay ineficacia en los cuerpos de inteligencia lo que ha redundado en la evasión de importantes criminales y en desatinos que terminan con la liberación de otros, agregue que nos encontramos con una Comisión de Derechos Humanos chimuela e inútil, a lo que podemos agregar un federalismo que regresa a la centralización y designios de una sola persona. La justicia es selectiva y evidentemente decidida desde el centro, así vemos a una Rosario Robles en prisión cuando el delito por el que es juzgada no es para aplicar la medida precautoria, un Ovidio Guzmán libre, curiosamente sin indicios de su ubicación (dónde está la famosa inteligencia) así como 7 personas del cartel de Santa Rosa lejos del brazo de la justicia por ¿errores en los procedimientos?
Pero el problema no es la 4T, aunque así se quiera señalar si le damos la vuelta al pasado, nos daremos cuenta que estamos repitiendo viejos esquemas, la historia le estamos releyendo, los partidos políticos y quienes han alcanzado el poder simplemente se sirven de sus beneficios y se acabó, por eso no ha llegado a México el cambio anhelado que nos saque del fango en que estamos sumergidos.
La clase gobernante en general es responsable de la inoperancia de las instituciones, esas que al llegar dicen defender, y de las que solo pretenden servirse.
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