Después de haber sido reclutado por el mainstream para hacer dos desafortunadas cintas de Spider Man (The Amazing Spider-Man y The Amazing Spider-Man 2) que pasaron sin pena ni gloria, Marc Webb está batallando para regresar a la inventiva y originalidad de su inconfundible debut, 500 días con ella (2009). A comienzos de año nos trajo Un don excepcional, el drama de un hombre criando a una niña prodigio que fue recibido por la crítica como un trabajo meloso y muy regular. Rehusado a dejar ir el 2017 sin regresar a su centro, Webb filmó también La amante de mi padre, en la que replantea su tema predilecto: el romance experimentado desde el punto de vista masculino.
Thomas (Callum Turner) es el hijo único de una familia privilegiada de Nueva York. Recién graduado e inseguro de su vocación, rechaza la idea de trabajar en la empresa de su padre, un prominente director de una casa editorial, y se muda a la parte baja de Manhattan, en donde se hace amigo de su misterioso vecino (Jeff Bridges), quien demuestra un misterioso interés por ayudarlo a navegar esta etapa de su vida. La incertidumbre de Thomas empeora cuando descubre que su padre tiene una amante y, al intentar persuadirla de que deje a su padre para evitar una crisis familiar, él también termina involucrándose con ella.
En términos generales, esta mediana oda fílmica a Nueva York está bien contada, y es llevadera en sus sofisticadas vistas de la Gran Manzana y su triángulo amoroso que no nos hará bostezar. Para los espectadores socialmente conscientes (los woke, que les dicen) o los cinéfilos que definen su opinión de una película por la ideología que profesa, esta podría ser una cinta sumamente ofensiva en su visión elitista y privilegiada del mundo real.
Chicos blancos, de aire intelectual, graduados de escuelas privadas, con familias ricas e inmersos en un inocente romance que nubla cualquier otra visión del mundo. ¿Dónde hemos visto antes esta ficción tan complaciente? Francamente en casi todas las películas neoyocéntricas. Y la disfrutamos. Pero hay algo en el tono, los diálogos, la música y las preocupaciones de estos personajes que hace a La amante de mi padre una película clasista y chocante. La falta de carisma de Callum Turner, su actor protagónico, tampoco ayuda.
Pierce Brosnan, Cynthia Nixon, Kate Beckinsale y Jeff Bridges tienen como consigna interpretar el mundo de los adultos al que Callum se enfrenta. Lo hacen con más experiencia y talento aunque sus personajes también viven angustiados por tragedias de su exclusivo código postal.
La responsabilidad en este drama pretencioso no es toda de Marc Webb. Si nos asomamos a sus créditos aparecerá el nombre de Allan Loeb, un guionista principalmente de comedias al que, cuando le dan ganas de escribir dramas, le salen cosas de falsa profundidad como Things we lost in the fire (2007) o la insufrible Collateral Beauty (2016).
Un mejor y más merecido título en español hubiera sido “Problemas de primer mundo”.
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