Un extraño culto a la aspiración sirve de disculpa para ofrecer la ilusión como un logro terminado. Cuando las crisis son excesivas, las ilusiones proliferan hasta anularse.
La constante adaptación de los hechos a conveniencia del relato desplaza el criterio. En México, el país de las muchas violencias, el de los siempre muchos muertos, una vez más, se opta por diluir los problemas como ruta de su administración en lugar de gobernarlos. Mentiras validadas con adherencias y prioridades individuales. Amparadas en un supuesto equilibrio, abundan las voces públicas que se aclimatan y son renuentes a marcar los límites de lo intolerable. Pervertimos la toma de posturas ante la amplitud de la desazón.
En su momento, se vieron como fobias las dudas legítimas sobre una vacuna cuya información, por un tiempo, sólo provino de instrumentos difícilmente distanciados de un régimen autocrático. En nuestra mala relación con el tiempo ignoramos las inconsistencias en los procesos; olvidamos que la política y su lectura se conforma de ellos. Con pereza intelectual excluimos el juicio sobre las vías políticas de la información.
Se tilda de fobia el rechazo a la candidatura de un hombre sobre quien caen demasiados testimonios de violencia sexual. Para algunos, la causa hace menos espantoso el horror. Qué sencillo es gritar fobias con tal de evitar el análisis exhaustivo.
Mismo trato a los argumentos contra las carencias lógicas en el proceso de vacunación. La ausencia de previsión resulta una anomalía a la que nos hemos acostumbrado y no faltan disculpas a la ineficacia en el sistema para el registro de adultos mayores. Las tragedias son tan dúctiles como se comporten funcionarios y parte de las opinocracias.
De vacunas a candidaturas, el desprecio a los procesos por parte del gobierno mexicano hace de la indiferencia su mensaje político.
Las habituales crisis mexicanas, más las derivadas de la sanitaria, se han transformado en la resistencia a sumergirse por la fascinación del caos.
Abandonamos el criterio al punto en que pronto solo admitiremos la existencia de un incendio cuando sea un bombero quien grite fuego, sin importar que las llamas consuman la casa frente a nuestros ojos.
@_Maruan