Política

Hipocondría melancólica

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La dificultad para dominar su tiempo nos ha obligado a habitar la enfermedad y resistir a entregarle el nuestro. El tiempo se ha convertido en la paradoja de la pandemia. Queremos llenar los vacíos de la espera, adaptándonos a la realidad, sin asideros firmes para administrarla.

Tratamos de sobrepasar el presente vislumbrando futuros sanitarios y económicos, los más urgentes, pero nos estaremos equivocando si no atendemos los saldos sociales y políticos de la enfermedad. Perdimos tanto tiempo discutiendo nuestros gobiernos, que desatendimos hacerlo sobre el Estado y hoy vemos su precariedad. Fuimos ineficientes al atender los dos y seguimos siéndolo. Somos el paciente impotente que observa un techo desde su cama.

La crisis sanitaria y sus tragedias exigen recuperar la noción de hipocondria melancólica: la relación con la realidad desde la que se acepta la imposibilidad para controlar todo lo que nos rodea, mientras se intenta hacerlo para reconocer que ese todo existe.  Ver las cosas tal y como son; el esfuerzo ético con el que, en el XIX, el escritor francés Gérard de Nerval balanceaba el principio de realidad que evita la sinrazón, con el principio de incertidumbre para impedir el fanatismo.

No nos podemos acostumbrar a estos días en los que la ética ha sido la gran ausente en infinidad de posturas. Cada discusión gratuita alrededor de la desgracia es ejemplo de ello. Ya habrá tiempo para que algún político o un empresario haga el ridículo al sostener el micrófono. Éste no es el momento. Frente a una pandemia que logró unificar la angustia del planeta, no hay un gramo de ética en las declaraciones que secuestran la gravedad de la enfermedad para alimentar individualidades.

La impuntualidad mexicana por fin nos juega a favor. Llegar tarde a la propagación de un virus sirve para preparar futuros inmediatos y para preguntarse escenarios posteriores a la recuperación.

Aunque los modelos que parten de condiciones distintas a las nacionales no otorgan una dirección absoluta, ningún modelo mexicano que se sienta tan singular la tendrá. El a la mexicana no admite mucha originalidad.

Estancados en el tiempo de la enfermedad, volvemos a ver las fallas que debimos corregir en la ilusión de nuestro federalismo. El equilibrio no aparece y si bien las diferencias entre estados son claras, la carpa del Estado cojea al permanecer en la imposibilidad de llegar a un consenso en tiempos como el actual.

En la confusión entre centralismo y federalismo se dañan las posibilidades de coordinación nacional. Un espejo interno a la insistencia endémica por hablar de soberanía, cuando ésta es inexistente frente cualquier pandemia.

Veníamos de la descalificación por oposición. La utilización de la pandemia para derribar al adversario político no se hace cargo de la enfermedad y convierte la gratuidad en indecencia.

El político es el encargado de administrar la realidad. El buen ejercicio político demanda la aceptación de la desgracia, el mal político prefiere el optimismo que lo sitúa en el campo más pedestre de la adaptación: el autoengaño.

Son tiempos de hipocondria melancólica. La adversidad pide asumir los costos de la realidad por encima de la promesa interrumpida por ella. 


@_Maruan


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Maruan Soto Antaki
  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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