La omnipresencia de la muerte transforma a la vida en una noción insignificante. Entramos de lleno en los terrenos de las violencias primarias, lo hacemos erradicando el rechazo a la barbarie.
Cuando los gestos de la violencia se respiran normales, el espectáculo circense es de las muertes y nosotros somos sus espectadores. Más de cincuenta migrantes muertos, la mayoría nacionales; se confunde migración con huida. De países como el nuestro primero se huye y luego se migra, las amenazas son existenciales.
Ha vuelto la retórica exigua que catalogaba a la pobreza como la peor violencia; con ella se banaliza el daño corporal, el terror por la inseguridad, la ejecución, la pira humana, la desaparición. Toda aproximación moral engaña, impone en las carencias económicas una explicación única. Evita que el gobierno mexicano admita las consecuencias de políticas que, al dificultar la migración, promueven San Antonios en su incapacidad para contener el coyotaje.
Confunde, también, la desigualdad con lo proclive de lo atroz para ser rutina.
Al asesinato reciente de religiosos más de un cretino lo llamó incidente. Aquí son demasiados los incidentes. Un militar fue asesinado por sus compañeros; le enterraron vivo durante un entrenamiento y esta semana cuando el General secretario de la Defensa recibió una Recomendación[1], otras violencias sirvieron para diluirse entre sí.
Dos lógicas entrecruzadas inundan el ambiente de la violencia. Una que en su halo de superioridad minimiza cada rastro en el camino y se niega con fervor a revisar la ruta. Otra, que aprovecha el abandono de la clave civilizatoria: una sociedad dispuesta a educarse en los antídotos a la violencia. Todo lo demás es mero salvajismo. Del enaltecimiento a los soldados a la sandez de armar familias. Ambas pueden ser populares cuando la República se convierte en el Viejo Oeste.
Las nociones de autocrítica en el ejercicio de gobierno son tan imprecisas que abren la puerta a la ingenuidad. Es revisión y cambio de postura, no simples mea culpas, lo que se exige a gobiernos pasados y el presente. Si el análisis político tuviese un asomo de realidad y un carácter menos moral, dejaríamos de asumir los conceptos como sinónimos.
[1] https://www.cndh.org.mx/documento/recomendacion-por-violaciones-graves-59vg2022
Maruan Soto Antaki
@_Maruan