Todo me preocupa, como supongo en alguna medida le preocupa a usted que lee estas líneas: La niña de 12 años que hoy se suicida en nuestra ciudad; las tantas personas solas, enfermas o en crisis de sobrevivencia económica o emocional (de todas las edades y estratos sociales); la violencia entre vecinos, entre automovilistas; la falta de calidad moral y formativa entre maestros y alumnos, instructores deportivos o artísticos, personal cuidador de niños, de ancianos o de discapacitados; el desalmado juicio social; los asesinados, los secuestrados, los extorsionados, los excluidos; la violencia de las autoridades con la población; la violencia entre parejas, entre padres e hijos; entre compañeros de escuela; en el trabajo; en las calles.
Uno de los propósitos de esta columna es que, tanto su escritor como el lector, abra puertas, ventanas o abismos a nuevas formas de mirar los rincones oscuros del propio mundo personal y del mundo de todos.
Mirar lo ignorado por los sentidos ya domesticados, adoctrinados, cansados, o hartos de ver; y por un alma ya inerte, cada vez más aficionada a los designios del azar en la vida, y no a los caminos de construcción de la santidad.
La santidad en las personas consiste en “hacer las tareas de todos los días con un amor extraordinario” (leído por ahí). Si usted prefiere no usar palabra santidad, sustitúyala por la palabra virtud.
Todo me preocupa y deseo su solución. Es entonces que recurro y propongo que, ante la realidad de desamor e insuficiencia de virtud, se atienda, personal y socialmente, un tema esencial: Principios, Virtudes, y Valores.
Una aproximación a su significado muy en síntesis es el siguiente: Principios: Conciencia del respeto universal a: la Vida, la Dignidad, la Libertad, la Igualdad, la Responsabilidad y la Justicia.
Virtudes: Carácter en el actuar de una persona, con la coherencia y constancia de los Principios universales. Valores: Creencias (ideas o prioridades subjetivas) desde lo personal, familiar y cultural social. Cualidades a las que se les da importancia en un ámbito.
Guiarse por Principios, dirigir a ellos Virtudes y Valores, es el camino para superar la oscuridad. No es fácil, al ser imperfecto, al ser frágil, pero es el mayor deber de cada ser humano.