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El tan necesario equilibrio

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  • Marién Estrada

Cuenta la leyenda que Siddharta Gautama, al que luego se le conocería como el Buda, en sus iniciales prácticas de ascetismo escuchó a un maestro de música que estaba enseñándole a una niña a tocar el Sitar. El maestro le dijo que si la cuerda estaba muy floja no sonaría, pero si la cuerda se encontraba muy tensa se rompería; la cuerda debía estar en su justa tensión para producir un sonido armónico.

En ese momento Siddharta comprendió lo que después llamaría el Camino Medio: Ni la excesiva indulgencia y los placeres mundanos de su origen noble, ni la renuncia y privación de su vida ascética eran la respuesta: “La verdad se halla en el camino que evita los extremos, y que es capaz de llevar a un conocimiento que trae la calma, la realización y, finalmente, la iluminación o el despertar final o Nirvana”.

Y es justamente esa calma y centro mental lo que, a través de encontrar el centro físico, promueven las posturas de Equilibrio en el Yoga, mejorando la coordinación y fuerza de los músculos y la postura e induciendo estabilidad a nivel físico y nervioso.

Como explica el periodista y maestro de yoga, Joan Bertran de Bes, la focalización que requiere llevar a cabo estas asanas con estabilidad, desarrolla la capacidad de concentración y equilibra mental, emocional y físicamente, eliminando estrés y ansiedad.

Tres asanas de equilibrio

Vriksasana, el Árbol: Como su nombre indica representa un árbol, donde la pierna apoyada en el suelo es el tronco y los brazos las ramas. La postura brinda algunas lecciones sobre cómo lograr arraigo, cómo encontrar el centro y cómo mantener la concentración y estabilizar la mente hacia un estado de atención mental pura.

Garudasana, el Águila: Al ser una postura de equilibrio promueve la concentración, lo que induce al estado meditativo. También fortalece los músculos de las piernas y ayuda a ganar conciencia sobre la flexibilidad y la fortaleza de los pies al tiempo que abre las articulaciones y relaja la tensión acumulada en ellas.

Kakasana, el Cuervo: Aunque no es una postura muy fácil de realizar para principiantes por el miedo a caer, ayuda a ganar fuerza en brazos y muñecas, a encontrar nuestro punto de equilibrio, trabajar la musculatura interna del abdomen y también a mejorar el control del cuerpo y la propiocepción o capacidad de percibir la posición relativa de partes corporales contiguas. 


(Con información de deustosalud.com y bosquetheravada.org)


marien@caminoamarillo.net

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Marién Estrada
  • Marién Estrada
  • infocaminoamarillo7@gmail.com
  • Periodista egresada de la Universidad Iberoamericana, especializada en temas de cine y conciencia. Desde 2015 escribe la columna "Mente y Cuerpo Sanos" en Milenio Diario. Es autora de "Yoga en tiempos sociales".
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