En estos tiempos en que todo es narrativa tantas veces desligada de la realidad, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece haberse anotado un valioso punto a favor.
Estados Unidos e Irán –según confirmó The New York Times– firmaron un acuerdo que pone fin a la guerra iniciada por el gobierno de Trump. Los detalles del acuerdo no se conocen y se sabe que algunas partes del reclamo original trumpista no son parte de él o son cosas que se discutirán en otro momento, pero por ahora el cierre del estrecho de Ormuz, que había puesto a buena parte de la economía del mundo en jaque, ha terminado. La noticia del acuerdo fue un alivio suficiente para que los precios del petróleo se desplomaran y el gobierno iraní mostró un cauteloso optimismo de que el conflicto terminará pronto.
No está claro, por ejemplo, si Irán accedió a no adquirir o producir armas nucleares aunque en una conferencia de prensa ayer el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, dijo que “habían logrado eliminar una amenaza inmediata y existencial que planteaban las ambiciones nucleares de Irán”.
Pero algo debe ser cierto, que al llegar a Europa y ser recibido por el presidente Macron en Francia, un país con el que le han sobrado broncas a Trump, no sólo lo felicitó por su cumpleaños, sino que después afirmó que el acuerdo “solucionaría el problema nuclear” y que Francia estaba dispuesta a “asumir nuestra parte justa de la carga” para apoyar el acuerdo.
Todo esto sucede días después de que todas las encuestas publicadas en Estados Unidos mostraban a Trump en el peor momento de sus dos tiempos en la Casa Blanca. Esto, además, a unos cuantos meses de que vengan las elecciones que renovarán la Cámara de Representantes y el Senado y que, según las mismas encuestas, podrían recuperar los demócratas.
Pero la narrativa es la narrativa. Y más allá de detalles, el fin de la guerra en Irán, el posible control de Israel y su manía de bombardear lo que sea podría comenzar al menos a mejorar la economía estadunidense y dará a Trump oportunidad de colocarse como supuesto “triunfador”.
Esto en momentos críticos de la relación con México: el T-MEC, las solicitudes de arresto para extradición y las presiones para seguir conteniendo a los cárteles. No vaya a ser que voltee para el sur el señor de la Casa Blanca.