Cultura

Coahuila y su colonización

Mientras en otras zonas de la Nueva España la conquista quedó consumada la primera mitad del siglo XVI, en el norte constituyó una empresa compleja que se prolongó durante toda la época colonial. 

Los nómadas del norte defendieron su antiguo hábitat matando y robando con salvajes procedimientos a los intrusos que trataban de empujarlos en su camino como lo señala María Vargas Lobsinger.

Los colonizadores arriesgaron su vida en busca de fortuna e implantaron una estrategia basada en la instauración de la encomienda, la misión, la guarnición presidial y la fundación de villas, haciendas y ciudades para poder resguardarse de los indígenas. 

A fines del siglo XIX, aunque de manera esporádica, todavía tribus autóctonas asolaban regiones en la frontera norte.

Los primeros años

Para finales del siglo XVI, llegaron al norte lejano con su misión evangelizadora los franciscanos que fundaron Cuencamé y los jesuitas, encabezados por el padre Juan Agustín de Espinoza que erigieron Parras, San Pedro, San Juan de Casta y Mapimí en la periferia de lo que ahora es la región lagunera. 

Con la llegada de los colonizadores y evangelizadores españoles y ya en marcha el asentamiento, los nuevos habitantes trajeron consigo nuevos cultivos, como el trigo y cebada, árboles frutales, nogales, la vid entre otros, al igual que nuevos métodos de producción.

La cría de ganado se introdujo en estas tierras. Los caballos y las reses se adaptaron con facilidad a los pastizales del norte, la rápida multiplicación del ganado fue un fenómeno sorprendente en el nuevo mundo. 

En la cría de ovinos, caprinos y porcinos se aprovechaba todo, la carne para la alimentación, la lana para los textiles, y las pieles para diferentes productos. 

Poco a poco las ciénagas se fueron secando, ya que se consideraban insalubres o porque se les extraía una cantidad desmesurada de agua para los cultivos, de esa manera se fue acabando el modo de vida de los indígenas que eran cazadores- recolectores para iniciar una vida sedentaria basada en los modos de producción de los españoles, como lo escribe Carlos Valdés.

Santa María de las Parras era un oasis en medio del desierto con suelos aptos para la agricultura, agua en abundancia, montañas que daban abrigo, recreo y alimentos.

En 1598 el padre Juan Agustín Espinosa, misionero de la Compañía de Jesús y el capitán Anton Martín Zapata, junto con 40 familias de origen español arribaron a las riberas del Río Nazas, donde fundaron Santa María de las Parras. 

Anteriormente en 1567 Pedro de Espinareda había explorado la región y Martín López de Ibarra teniente gobernador de la Nueva Vizcaya repartió varias mercedes, pero esa fundación no prospero.

Las nuevas tierras pasaron a la jurisdicción de Nueva Vizcaya, que por derecho de conquista, ingresaron al Real Parlamento de la Corona de España con denominación dada a tierras sin adjudicar y sujetas a subasta.

Además de evangelizar, poblar y colonizar, los pobladores españoles y los evangelizadores se dedicaron al cultivo de cereales, granos, vid y árboles frutales. 

Sus estancias eran polos de colonización y producción que evolucionaron a haciendas de explotación agropecuaria y ganadera siendo la base económica para el surgimiento de la comarca durante el siglo XVII. 

Cereales, ganado, vino, conservas y otros productos de la región abastecían los enclaves mineros.

Un personaje que va a ser clave para el crecimiento de la región fue Francisco de Urdiñola. En palabras de María Vargas Lobsinger:

[…] para 1597 la mayoría de esas tierras habían sido mercedadas a los pobladores de la primera fundación de la villa. 

Las primeras mercedes concedidas al capitán Urdiñola en la región al oriente de Parras datan de 1589 y 1590. 

Fueron tres sitios de ganado mayor y dieciséis caballerías de tierra entre Castañuela y Parras que le otorgó el general Alonso Díaz entonces teniente del gobernador Rodrigo de Río de la Loza. 

Para la época de la segunda fundación de Parras en 1598, la Hacienda de Urdiñola se había extendido hasta el Ojo grande, el manantial principal de que tuvo que compartir con el pueblo de indios y con los jesuitas. 

Durante los siguientes veinticinco años, Urdiñola no cejó en su empeño por adquirir caballerías en Parras, comprándolas u obteniéndolas por donación de los antiguos pobladores con las que formó la hacienda de Santa María de las Parras contigua al pueblo del mismo nombre, que se convertiría en el granero del latifundio y en donde estableció su famosa explotación vinícola.

En la última década del siglo XVI, las haciendas del conquistador prosperaron notablemente, utilizando el trabajo de los indios pachos que él había pacificado y asentado, entre otros lugares en su hacienda de San Francisco de los Patos. 

En 1600, los jesuitas pagaron al capitán Urdiñola 1297 pesos de oro común por 628 fanegas de maíz y 100 novillos provenientes de sus estancias cercanas que había entregado al padre Juan Agustín para mantener a los indios de Parras.

Desde esta temprana época exportaba ganado a lugares alejados de la región y vino a Zacatecas. El Capitán Urdiñola pronto se convertiría en el hacendado más rico y poderoso de la zona.

Al iniciar el siglo XVIII las haciendas ganaderas y agrícolas habían modificada progresivamente el entorno. 

El ganado y el excelente vino y aguardiente de Parras se comercializaba en regiones tan apartadas como la Ciudad de México, Zacatecas, Parral y Chihuahua entre otras ciudades contribuyendo a la economía parrense. 

En la Actualidad la industria vitivinícola sigue siendo una fuente de trabajo importante en la ciudad. 

La Casa Madero es una de las bodegas más importantes de México además otras casas locales producen vinos y aguardientes. 

Y Coahuila está invirtiendo en esta industria de la vitivinicultura y también de los olivos. 

El vino y el aceite de oliva van juntos.

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María Isabel Saldaña
  • María Isabel Saldaña
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