Pareciera que Ya Sabes Quién se tomó literal y muy en serio esta milenaria conseja popular entre los Corintios y evocada por Pablo de Tarso en su primera epístola (15:32) y referida también por Isaías en su libro (56:12). Comamos y bebamos, salgamos a la calle, saludemos de mano y de beso a cuanta criatura se nos ponga enfrente, sentémonos uno al lado del otro, conglomerémonos y amontonémonos, subámonos a cuanto avión se nos ocurra y vayamos de aquí para allá llevando la palabra de la 4T a diestra y siniestra y mandemos mensajes por la red diciendo que somos una cultura milenaria a la que nada le puede pasar que no le haya pasado ya; así que si habremos de morir, que sea haciendo lo que se nos pegue la gana y si por algún motivo la libramos, dirán que somos la encarnación misma de Quetzalcóatl y que venimos a reivindicar nuestra raza como aquella que fue capaz de resistir al invasor chino que hizo perecer a tantos en Europa y Estados Unidos, pero que aquí literalmente se la peló contra nuestra poderosísima Salmonela y su fiel aliada “La Solitaria”, que forman parte de nuestras vidas desde el origen de los tiempos, cuando Dios creó al hijo del “maíz”, y desde entonces son nuestras grandes protectoras, más que la propia
Coyolxauhqui, que vela nuestros sueños desde el cielo a donde lanzó su cabeza Huitzilopochtli por haberse atrevido a conspirar con sus hermanos para cegar la vida de su madre Coatlicue, a quien Huitzilopochtli le había hecho un chamaco, cosa que para los hijos de la Diosa madre resultara indigno. Pero ésa es otra historia, dijera la Nana Goya.
Comamos y bebamos, mintamos, confrontemos a pobres y no tan pobres, neguemos la realidad, dejemos que los unos y los otros se enfermen y que solos se las arreglen mientras que nosotros nos paseamos, cerramos plantas cerveceras, cancelamos inversiones, hacemos consultas a modo en plena contingencia, nos dejamos chulear por nuestros fans de las conferencias bananeras, decimos sandeces, que para eso tenemos hocico y fanáticos que nos las aplaudan.
Comamos y bebamos, que al cabo tenemos edad para eso, la fuerza y la energía para resistir, no una sino dos o tres pandemias y hasta un pandemónium, faltaba más. Ahí están Barttlet y Olguita de ejemplo, bien sanos y fuertes, rozagantes e inquebrantables como yo, listos pa’ lo que se ofrezca y no como esos enjutos, debiluchos y afeminados fifís que no aguantan nada, ni las bravuconadas que les profiere Barbosa, el Jorobado de Nuestra Señora de Puebla de Los Ángeles, y ahora también de los mil demonios.
Comamos y bebamos, que al cabo para eso me eligieron, para ocultar cifras y negar que se hagan las pruebas, pues sin éstas no hay las otras y sin aquellas nadie va a saber, a fin de cuentas, cuántos de los que comamos y bebamos, moriremos. Que al cabo de todas maneras nos vamos a morir, ya sea por un balazo a manos del narco, por consumir sus productos o, simplemente, por la perra hambre.
Comamos y bebamos a la salud de la 4T mientras hablamos, no de los ventiladores que faltarán en los hospitales, sino de aquellos que contaminan el hermoso paisaje de la Rumorosa, donde andaba de parranda.