Las mismas disyuntivas del federalismo mexicano entre centralidad y entidades soberanas se vive en esta ciudad que ha sido siempre la más grande, la que fue ciudad nación, imperio, ciudad sagrada y elegida, donde el que la gobernaba era a la vez el jefe del Estado, del ejército y el gran sacerdote para interpretar los augurios y señales de los dioses.
Los coloniales no dudaron en poner aquí su ciudad, encima de la conquistada, por varias razones: para matar a los antiguos dioses y glorificar a los suyos, porque había piedra y tezontle, porque había manos para guerrear y construir, porque todos los caminos que de aquí partían llevaban a todas las riquezas naturales y a los codiciados minerales.
De ahí nació la metropoli, siempre cosmopolita; la grandeza y apetitosa capital mexica, virreinal, imperial, independentista, conservadora, liberal, afrancesada y revolucionaria Ciudad de México.
A principios del siglo 20, sus ayuntamientos y gobierno local fueron desaparecidos para someterla al centralismo presidencial, haciendo a sus habitantes rehenes del nuevo sistema político.
De esta manera, la ciudad estuvo secuestrada por 69 años. En 1997 se inició el largo proceso de ser la ciudad que se gobierna a sí misma, para hacer de todo el federalismo algo verdadero y no feudos o provincias sometidas. Pese a todo, la ciudad se transforma en lo material y lo inmaterial, arrastrando resistencias y buscando en el cambio su sobrevivencia. Sobre ella acechan los que la quieren paralizarla y los que quieren tenerla como propiedad privada.
¿Cómo aplicar el artículo 115 en el nuevo gobierno de la Ciudad de México? ¿Cómo dibujar el municipio libre en un territorio interconectado por sus obras hidraúlicas, avenidas, líneas de transporte, policías y servicios interconectados, como parte del mismo sistema circulatorio, digestivo, nervioso y respiratorio?
Entre lo central y lo comunal se duplican los programas sociales, las obras e inversiones en los barrios, colonias y pueblos, sin que se generen fortalezas comunitarias, sino vacíos de atención y responsabilidad.
La nueva organización política de la Ciudad de México deberá alinear lo que hoy es contradicción, duplicación y confusión, que alimenta pequeños y grandes intereses, que impiden el progreso general.
Desde siempre, la ciudad ha sido gobernada por la prudencia y paciencia de sus habitantes, pero también estalla y se rebela si no se le ofrece cauce a su grandeza.
www.marcorascon.org
@MarcoRascon