En el inicio de cada proceso electoral hay dos guerras que se presentan: una se libra hacia afuera entre partidos políticos y candidatos, y otra mucho más silenciosa que ocurre hacia adentro, el llamado fuego amigo, ese que no siempre busca derrotar al adversario sino afectar al compañero que se ha convertido en competencia. Además suele revelar algo más: la percepción de que se está perdiendo terreno.
Porque en política, cuando alguien necesita recurrir a la mentira para detener a alguien que le está quitando poder, quizá el verdadero problema no está en aquello que se dice de él, sino en el poder que ha adquirido y que otros temen perder, o ya han perdido.
En la política, como en los negocios, nadie se salva de esta guerra; si bien podrán cambiar las circunstancias, la lógica es la misma: al escasear los argumentos aparecen la descalificación, la mentira, y ahora con mayor frecuencia las campañas para desacreditar.
En el Estado de México apenas estamos viendo los primeros disparos de esa práctica que parece haber comenzado antes de que formalmente arranquen las campañas electorales, y resulta particularmente interesante que uno de los blancos es el Partido del Trabajo, cuya presencia, crecimiento territorial y apertura a su militancia se han venido consolidando, y podría ser que precisamente por ello parece incomodar a quienes contenderán en la justa electoral.
Hace unos días en un portal apareció información que pretende vincular al Comisionado Nacional del PT en el Estado de México con la presidenta municipal de Villa del Carbón, señalada por nepotismo y posibles actos de corrupción, con el único argumento de que ambos tienen el mismo apellido. Aun cuando la información es falsa, lo verdaderamente importante es preguntarse por qué aparece hasta ahora y, sobre todo, a quién beneficia, en el umbral de la definición de las candidaturas y sobre todo de cómo serán elegidos.
No se trata de minimizar la gravedad de cualquier señalamiento de corrupción o nepotismo, principalmente si existen responsabilidades deben investigarse y, en su caso, sancionarse, pero una cosa es informar y otra muy distinta intentar trasladar responsabilidades de una persona a otra mediante una coincidencia de apellidos.
Hace unos días en la propia sede del Partido del Trabajo se llevó a cabo una asamblea en donde se ratificó precisamente el liderazgo del Diputado Reginaldo Sandoval, en donde cada vez son menos quienes se empeñan en cuestionar. ¿Es una coincidencia? Podría ser, pero en política las coincidencias también se analizan.
Si la intención fuera desacreditar a quien ha decidido apostar por el trabajo territorial y por una mayor participación de la militancia en la definición de las candidaturas, entonces estaríamos ante el posible preámbulo de una guerra sucia.
Por eso conviene regresar a la pregunta, ¿A quién beneficia? Esta estrategia de emplear rumores e insinuaciones puede terminar exhibiendo más a quienes las promueven que a quien pretenden golpear.