El proceso electoral en el Estado de México dio inicio este pasado lunes, y aun cuando el acto tuvo todos los elementos de una ceremonia institucional, lo ocurrido en el Instituto Electoral del Estado de México tiene una relevancia que va mucho más allá del protocolo, al contar con la presencia de la gobernadora Delfina Gómez, el Secretario General de Gobierno, Horacio Duarte, de las consejeras del IEEM y de los representantes de los partidos políticos, lo que marcó formalmente el inicio de una ruta que concluirá el 6 de junio de 2027, cuando los mexiquenses acudirán a las urnas para elegir 75 diputaciones locales y renovar los 125 ayuntamientos, en total estarán en disputa mil 291 cargos.
Es sin duda una elección de enormes dimensiones, pero algo más trascendente que el número de cargos será la forma en que los partidos y sus candidatos decidan competir, por lo que en este contexto llamó la atención el mensaje que a nombre del Partido del Trabajo expresó su representante, el diputado Reginaldo Sandoval, quien habló de la responsabilidad que tienen los partidos y las instituciones para contribuir a un proceso electoral basado en la legalidad, la participación y el respeto democrático.
Este posicionamiento encierra uno de los grandes desafíos de esta elección: recuperar el valor de la propuesta frente a la descalificación, la guerra sucia y la tentación de convertir la contienda en una lucha por destruir al adversario.
Sus palabras adquieren particular relevancia a partir de su reciente designación como Coordinador Nacional de Instalación Territorial, responsabilidad que también puede entenderse como un reconocimiento al trabajo territorial y de afiliación en el Estado de México, por lo que la experiencia mexiquense trasciende el ámbito local y se incorpora a una tarea de alcance nacional.
El Estado de México merece una elección en donde se discutan soluciones para los municipios, seguridad, movilidad, servicios públicos, empleo y desarrollo; una elección en la que los ciudadanos puedan comparar perfiles y propuestas y no únicamente recibir ataques, acusaciones o campañas de miedo. Una elección en la que las diferencias se diriman con propuestas, organización y participación ciudadana, y en las que los partidos entiendan que construir confianza también forma parte de la competencia.
A partir del banderazo formal, comenzará otra competencia: la de los partidos por demostrar quién tiene mejores candidatos, mejores propuestas y mayor capacidad para convencer a una ciudadanía que, finalmente, tendrá la última palabra.
El proceso electoral apenas comienza, pero desde ahora queda claro que no será únicamente instalar órganos, cumplir calendarios y organizar elecciones, temas obviamente importantes, sino que lo más trascendente será demostrar que la política mexiquense puede estar a la altura de una sociedad que exige resultados y no solo discursos de campaña.