En Ciudad Victoria sabemos muy bien lo que significa caminar buscando sombra. Lo hacemos casi por instinto: cruzamos de banqueta si del otro lado hay un árbol, esperamos bajo un techo mientras cambia el semáforo, aceleramos el paso cuando una calle se vuelve puro sol.
En temporada de calor, la ciudad se siente más dura. Las distancias parecen más largas, el asfalto pesa más y salir a pie puede convertirse en una pequeña prueba de resistencia.
Esa incomodidad cotidiana dice mucho sobre la forma en que hemos construido nuestras ciudades. Durante años, el espacio verde ha sido tratado como un complemento, como algo que se agrega al final si queda presupuesto, terreno o voluntad.
Primero vienen las vialidades, los fraccionamientos, los estacionamientos, las plazas comerciales, las bardas. Después, si acaso, algunos árboles jóvenes, una jardinera o un parque aislado al que no siempre se puede llegar caminando. Pero la falta de áreas verdes no se nota solo en el paisaje, se resiente en el cuerpo.
Se siente cuando una madre empuja una carriola por una banqueta sin sombra. Cuando una persona mayor decide no salir porque el trayecto es demasiado caliente. Cuando niñas y niños tienen pocos lugares cercanos para jugar al aire libre. Cuando caminar deja de ser una opción amable y se vuelve algo que se evita. También se siente en el aire, en la temperatura, en el ruido, en la poca posibilidad de sentarse a descansar sin tener que comprar algo.
Las áreas verdes son parte de la vida diaria, aunque muchas veces hablemos de ellas como si fueran un lujo. Un árbol puede cambiar la experiencia completa de una calle. Un jardín cercano puede darle a una familia un lugar para convivir. Un corredor arbolado puede volver posible un trayecto a pie. Un espacio con plantas nativas puede recordarnos que la ciudad no está separada del entorno natural que la sostiene.
Por eso es tan importante volver a mirar los espacios verdes que todavía tenemos. Cuidarlos, conocerlos, usarlos y también preguntarnos por qué son tan pocos, por qué están tan desconectados y por qué muchas personas solo pueden acceder a ellos si tienen tiempo, automóvil o la suerte de vivir cerca.
Este sábado 27 de junio, Jane’s Walk Ciudad Victoria realizará un recorrido peatonal por el Jardín Botánico Anacahuita junto a la Tropa Pajarera. La actividad busca acercarnos a la flora y fauna endémica de la región, aprender a observar aves, reconocer plantas y caminar con más atención uno de los espacios naturales más valiosos de la ciudad.
El recorrido también cambió de horario para hacerlo más fresco y disfrutable. Iniciará a las 8:00 de la mañana y se pide llegar a las 7:40 para registrarse e iniciar puntuales. La caminata durará aproximadamente una hora y media y será gratuita, con registro previo.
Se recomienda llevar ropa cómoda, gorra, protector solar, agua y repelente de mosquitos. Gracias al apoyo de Meta Pool, habrá algunos miralejos disponibles para participantes registrados.
Ojalá este recorrido sirva para algo más que pasar una mañana distinta. Ojalá nos ayude a recordar que una ciudad habitable también necesita sombra, suelo vivo, aves, plantas, jardines cercanos y espacios donde simplemente podamos estar.
Porque cuando faltan áreas verdes, falta descanso, falta frescura, falta encuentro y falta una parte muy básica de lo que hace habitable a una ciudad.