En Ciudad Victoria, el transporte público parece tener una curiosa capacidad de adaptación: cuando llegan eventos como la Feria Tamaulipas, los horarios pueden ampliarse para que más personas tengan oportunidad de asistir.
Esta semana se anunció que la Ruta Conecta extendería sus horarios durante la feria, facilitando el traslado de quienes quieren disfrutar de las actividades. Es una buena noticia, especialmente para quienes dependen del transporte público.
Pero también deja una pregunta bastante incómoda: ¿por qué podemos adaptar el transporte a los horarios de una feria y seguimos teniendo tantas dificultades para adaptarlo a los horarios de la vida cotidiana?
Pensemos en alguien que sale de trabajar a las nueve de la noche. En un estudiante que termina sus clases tarde. En una madre que necesita llevar a su hijo a una consulta médica o en quienes simplemente quieren ir al cine, visitar a sus amigos o cenar fuera sin depender de alguien que tenga coche.
Para muchas personas, cualquiera de estos planes implica calcular primero cómo van a regresar a casa. Y cuando el transporte público deja de ser una opción, desaparecen con él las posibilidades de disfrutar la ciudad o de que éstas se vean condicionadas a tener que pagar por ese servicio utilizando otras opciones que sí estén disponibles en ese momento.
Es curioso cómo hemos normalizado que la movilidad dependa de tener automóvil. Incluso para actividades tan sencillas como ir por un café o visitar un parque, damos por hecho que necesitaremos manejar, pedir un viaje por aplicación o conseguir que alguien nos lleve.
Lo peor es que eso tiene consecuencias que van mucho más allá del tráfico.
Una ciudad donde moverse sin coche resulta complicado también limita quién puede acceder a sus espacios culturales, sus oportunidades laborales y su vida social. El horario del transporte termina convirtiéndose, silenciosamente, en el horario de quienes dependen de él.
Por eso vale la pena mirar con atención lo que ocurre durante la feria. Si existe la posibilidad de ajustar horarios y responder a una demanda específica, también deberíamos preguntarnos qué necesitaríamos para hacerlo de manera permanente.
Claro que ampliar un servicio implica recursos, personal, planeación y conocer cuántas personas lo utilizarían. Tampoco significa que todas las rutas deban funcionar a cualquier hora. Pero precisamente para eso existen los estudios de movilidad, los datos de demanda y la planeación del transporte público.
Lo preocupante sería conformarnos con que estas mejoras aparezcan únicamente cuando el calendario anuncia un evento importante.
Hemos dedicado décadas a construir ciudades donde cada vez resulta más fácil imaginar una nueva avenida que un transporte público confiable. Después nos sorprendemos cuando todos quieren utilizar el automóvil, cuando el tráfico empeora o cuando salir de casa parece implicar gastar dinero antes de llegar a nuestro destino.
La Feria Tamaulipas terminará y sus visitantes regresarán a sus rutinas. Ojalá la conversación sobre los horarios del transporte no termine junto con ella.
Estoy convencida de que una ciudad verdaderamente accesible debería permitirnos disfrutarla también cualquier martes, sin esperar a que llegue la feria para poder regresar a casa.