M+.- Lo hemos dicho hasta el cansancio: país que no invierte se estanca, y eso es justo lo que nos están sucediendo. La economía Mexicana está entrando en un círculo vicioso donde no hay inversión suficiente y, por tanto, el crecimiento se ha venido recortando año con año. Sin crecimiento, cada vez es más difícil generar ingresos para el gobierno que le permitan incrementar la inversión pública en infraestructura y otras ramas donde los rezagos ya son muy evidentes, amén de que en el futuro tampoco se tendrán ingresos para atender un gasto social cada vez más demandante por un gobierno como el que tenemos, que antepone lo político a lo necesario para mantener popularidad.
La inversión pública no representa ni siquiera 20 por ciento de la inversión total y además las asignaciones a Petróleos Mexicano reducen la capacidad para invertir en áreas más productivas. Es decir, las ayudas a Pemex compiten con inversiones más necesarias y de impacto, pero el gobierno parece no darse cuenta que desde hace muchos años la paraestatal dejó de ser negocio por su mala gestión, por seguir un modelo obsoleto y, hay que decirlo, por la enorme cantidad de fugas dinero que enfrenta.
Los malos siguen pinchando los ductos sin control, el robo de barriles es escandaloso y los regalos a cuba de millones de litros que nunca nos pagarán. Pemex es un lastre para las finanzas nacionales y el problema no se resuelve.
Además de lo anterior, la herencia de lo que le dejó el presidente López Obrador a la actual administración, en lugar de aportar al erario, lo sigue drenando. Ahí está Dos Bocas, que sigue siendo un desastre, con muy baja producción, no deja dinero, y ni qué decir del Tren Maya, que también opera con un enorme déficit. A eso se suma el aeropuerto Felipe Ángeles, igual con pérdidas, además de la línea de aviación, un fracaso.
En resumen, la inversión pública, que debería ser motor e impulso para la economía, en realidad aporta muy poco, porque no hay dinero para infraestructura, educación, servicios médicos de calidad, etc.
La solución puede ser la inversión privada. Hay dinero y ganas de invertir, pero lo que coexiste es el marco de actuación adecuado para que ésta florezca. La falta de estado de derecho, producto de la terrible destrucción al poder judicial, no permite que los inversionistas tengan constancia. Así de claro.
Por lo anterior, todos los esfuerzos que está haciendo la presidenta Claudia Sheinbaum para incentivar la inversión no cuajan bien porque no hay confianza en nuestro marco jurídico; si el anterior no era muy bueno, en el actual nadie cree. Ante este escenario, además de muchos otros problemas, en el país la inversión privada, tanto nacional como extranjera, es escasa.
Es importante, además, que quede claro que el tema de la inversión no se va a resolver mientras no se realicen cambios a las leyes que le refutarán a los inversionistas el estado de derecho que les quitaron.