Cultura

El eco de las mismas heridas

Alguna vez leí que hay heridas que no regresan disfrazadas de dolor, sino de esperanza y que por eso, repetimos historias. Volvemos a personas que nos rompieron, a lugares que nos hicieron pequeños o a silencios que una vez nos dejaron solos.

Y aunque desde afuera parezca terquedad, debilidad o costumbre, en realidad muchas veces es una forma desesperada de intentar corregir el pasado. Repetimos errores no porque nos guste sufrir, sino porque una parte de nosotros sigue buscando otro final para la misma historia.

Hay algo profundamente humano en querer regresar al sitio donde nos quebramos, esperando que esta vez alguien sí se quede, sí nos mire o quizás sí apueste por nosotros. Como si el alma creyera que una segunda oportunidad puede cambiar el significado de todas las anteriores.

Y tal vez por eso algunas personas permanecen años enteros atrapadas en vínculos dañinos, amistades desiguales o ciclos emocionales agotadores. No están enamoradas del dolor; están enamoradas de la posibilidad de que el dolor, por fin, termine distinto.

El psiquiatra y neurólogo Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración, sostenía que el ser humano es capaz de encontrar sentido incluso en las experiencias más difíciles.

Desde una mirada esperanzadora, él creía que nuestras heridas no tienen por qué condenarnos; pueden transformarse en conciencia, compasión y reconstrucción. Su pensamiento nos recuerda que repetir ciertos caminos también puede ser parte de la búsqueda de identidad y significado.

Pero existe otra mirada, más cruda y quizá más incómoda. Sigmund Freud llamó a este fenómeno “compulsión a la repetición”: la tendencia inconsciente a recrear situaciones dolorosas del pasado.

Según Freud, muchas veces repetimos aquello que no hemos logrado comprender o sanar, como si la mente intentara dominar una experiencia traumática reviviéndola una y otra vez. No siempre elegimos conscientemente nuestros patrones; a veces son ellos quienes nos eligen a nosotros.

Y en medio de ambas posturas —la esperanza de resignificar y el peso de la repetición inconsciente— vivimos todos. Tratando de entender por qué volvemos donde juramos no regresar.

La psicología contemporánea explica que nuestro cerebro busca familiaridad antes que bienestar. Lo conocido, incluso si duele, produce una extraña sensación de seguridad. Por eso hay personas que confunden intensidad con amor, sacrificio con lealtad o abandono con costumbre. Sanar implica aprender que lo familiar no siempre es lo correcto.

Existe un libro que retrata esta complejidad emocional de manera extraordinaria: “Ya no seas codependiente”, de Melody Beattie. La autora aborda cómo las heridas emocionales y los vínculos mal entendidos pueden llevarnos a repetir conductas que nos desgastan. No desde el juicio, sino desde la comprensión profunda de quienes han aprendido a sobrevivir amando desde la carencia.

Quizá la pregunta no sea por qué tropezamos otra vez, sino qué parte de nosotros sigue esperando ser salvada. ¿A quién intentas convencer todavía? ¿Qué historia no has podido cerrar? ¿Qué heridas siguen hablando por ti? ¿Y si sanar no fuera olvidar, sino elegir distinto?

Tal vez crecer consista en entender que no podemos cambiar el pasado repitiéndolo. Que algunas puertas no necesitan otra oportunidad, sino un adiós digno. Que no siempre volvemos porque amamos; a veces volvemos porque aún no aprendemos a soltarnos.

Y aun así, hay algo esperanzador en todo esto: el ser humano tiene la capacidad de reconocer sus propios laberintos. El día en que entendemos nuestros patrones, comenzamos a dejar de ser prisioneros de ellos. Tal vez no podamos evitar todas las caídas, pero sí aprender a mirar nuestras heridas con honestidad y ternura.

Porque nadie sana de golpe. Nadie deja atrás una historia en un solo intento. Pero quizá, un día cualquiera, después de tantas vueltas, encontremos el valor de escribir un final diferente…ese que tanto quisimos.


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Magda Bárcenas Castro
  • Magda Bárcenas Castro
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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