M+ El servilismo de Rosario Piedra Ibarra y su chatarrizada CNDH ha quedado evidenciado desde el primer día de su encargo impuesto por Andrés Manuel López Obrador y ratificado en el actual sexenio.
La señora opera como brazo político derechohumanista del régimen con un criterio político y sectario en varios casos emblemáticos reabiertos ilegalmente, el más reciente el jueves pasado con la emisión de un fraudulento e inconstitucional bodrio sobre el caso Iguala.
Y ha pervertido algunos otros:
—Pretendió la excarcelación del asesino confeso y sentenciado de Luis Donaldo Colosio, Mario Aburto.
—Impulsó una demencial segunda fabricación del improbable “segundo tirador” Jorge Antonio Sánchez Ortega (el primero, inventado por Pablo Chapa Bezanilla, fue Othón Cortés), con la consigna de que la Fiscalía General de la República siguiera la línea que condujera al enemigo número uno del régimen, Genaro García Luna.
—Lo primero que hizo al asumir el cargo fue desconocer la recomendación de la propia CNDH de 2018 sobre la desaparición y asesinato de Los 43 de Ayotzinapa porque, dijo, “no satisfacía” a los padres de Los 43 (cuando ni siquiera la había leído, como confesó con Alejandro Domínguez, de MILENIO, en el arranque de su primer periodo en la CNDH).
—Y timó a la Corte Interamericana en el caso Ernestina Asencio, de 73 años de edad, supuestamente violada y asesinada por una partida de soldados.
Durante la presidencia de José Luis Soberanes, la CNDH concluyó en 2007 que la anciana, indígena de la Zongolica, sufrió “lesiones y violaciones graves a sus derechos humanos” por una deficiente atención médica y por irregularidades en la investigación (no que la señora hubiera sido violentada por alguien).
Esa postura coincidió en lo esencial con la versión de la Procuraduría General de la República bajo el gobierno de Felipe Calderón.
La insidia fue banquete de periodistas y comentaristas identificados con AMLO, quienes atizaron tal presunción basándose en que Calderón dijo entonces que el fallecimiento se debió a un problema gástrico.
Censuraban que el mandatario se metiera en la polémica, ignorando que por ser el comandante supremo de las fuerzas armadas y porque se acusaba a militares, en la autopsia estuvieron presentes médicos forenses de la Secretaría de la Defensa y por lo mismo era lógico que el primero en enterarse del resultado del estudio del cadáver fuera su jefe máximo.
En marzo de 2021, con Piedra ya como inexplicable titular, la CNDH anunció la revisión de la recomendación original y en noviembre del mismo año emitió el bodrio Memoria, verdad, justicia y reparación, con un cambio radical de criterio: afirmó que Ascencio fue víctima de agresiones sexuales y otras violaciones graves a los derechos humanos atribuibles a un grupo indefinido de militares y denunció un imaginario “encubrimiento institucional” de la investigación.
Lo cierto, sin embargo, es que Piedra Ibarra se dedica, sistemáticamente, al encubrimiento institucional del oficialismo...