Cultura

Cumplir años después de los 40

¿En qué momento pasó el tiempo? ¿Cuándo dejamos de contar velas y empezamos a contar historias? ¿En qué punto entendimos que la vida no era una carrera, sino un viaje? ¿Quién nos dijo que cumplir años debía doler?

Cumplir años después de los 40 tiene una sensación particular. No es vértigo, pero tampoco ingenuidad. Es como pararse en un mirador donde miras hacia atrás y reconoces el camino recorrido; miras hacia adelante y entiendes que, si bien nos va, quizá estamos justo a la mitad de nuestra historia.

A esta edad la energía es distinta, pero no menor. Ya no se desperdicia. Se administra. Se elige. Aprendimos a no correr por correr, a no desgastarnos en batallas que no nos pertenecen. Tenemos la fuerza de la experiencia y la calma de quien ya sobrevivió a sus propias tormentas. El cuerpo habla distinto, sí, pero el alma grita con más claridad.

También hay una satisfacción profunda al mirar lo logrado. Sueños cumplidos, metas alcanzadas o batallas ganadas en silencio. Para otros también está esa lista invisible de lo que no fue: proyectos que no se concretaron, amores que no prosperaron, caminos que no se tomaron.

Y aquí viene uno de los mayores aprendizajes de la madurez: entender que no todo tenía que pasar. Que no todo fracaso fue un error. Que muchas renuncias también fueron actos de amor propio y que la familia y la paz mental son primero que todo.

La vida, con los años, nos vuelve más realistas pero también más compasivos con nosotros mismos. Dejamos de castigarnos por lo que no hicimos y comenzamos a preguntarnos qué queremos hacer ahora. Porque cumplir 40 y más... no es cerrar la puerta: es cambiar el mapa. Volver a plantear proyectos, redefinir sueños, aceptar nuevos desafíos con menos miedo y más conciencia.

Después de esta edad, la vida continúa -y muchas veces mejora- gracias a un combo poderoso: inteligencia emocional, familia, amigos y paz mental.

Aprendemos a nombrar lo que sentimos, a poner límites sin culpa, a elegir vínculos que suman y a soltar los que pesan. La familia se vuelve refugio, los amigos tribu, y la paz mental un lujo que ya no estamos dispuestos a negociar. La felicidad deja de ser un ideal lejano.

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Magda Bárcenas Castro
  • Magda Bárcenas Castro
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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