La postura que toma el ayuntamiento de Torreón es para no creer, ya que no puede ser posible que al Circo de las Pesadillas, le pusieran por medio de Protección Civil tantas trabas, tantos requisitos, los cuales al final cubrieron y ni así los dejaron que abrieran sus puertas al público.
El mismo departamento de Protección Civil, también por extraños intereses, obligó a una vulcanizadora a cerrar sus puertas, argumentando que la finca está a punto de derrumbarse.
Son cosas que nada más aquí en Torreón suceden y cuando deben de estar más al pendiente con diferentes eventos, principalmente de espectáculos, las situaciones se les salen de las manos. Solamente basta recordar aquel pequeño incidente en el que se incendiara el Coliseo Centenario, mismo que tuvo que ser remodelado a un alto costo. Ahora, el Circo de las Pesadillas, el cual era apto para las familias, fue clausurado, se colocaron sellos y al final obligaron a esta empresa que tanto invirtió en su instalación, a que emigrara a Gómez Palacio, en donde empezará a dar funciones.
Las redes sociales satanizaron a este circo, lo confundieron con el Circo del Horror, el cual en la ciudad de Monterrey fue clausurado debido a lo fuerte y cuyas funciones no podían ser vistas por toda la familia.
Los del Circo de las Pesadillas ofrecieron una función a los medios de comunicación, los cuales se percataron de que nada de lo que se decía era verdad y sí era un buen espectáculo. Ni modo, así se las gasta el ayuntamiento de Torreón, al cual parece importarle más clausurar funciones de circo, que terminar las obras que actualmente llevan a cabo.
Parece que les interesa más afectar a una pequeña empresa, que el pavimentar o bachear gran parte de la ciudad, tanto en colonias del centro como de la periferia.
Ojalá que el alcalde en turno, Jorge Luis Morán, ya se ponga en su papel y exija a su gente a cumplir los compromisos, como también dejar que los ciudadanos con su libre albedrío, decidan si van o no a presenciar una función de circo. Ya debe la administración municipal entender que los intereses de unos cuantos, no pueden afectar a un circo como a una vulcanizadora.
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