Alguien que sabía el lugar donde nací puso en mis manos algo que me había perdido: El habla de Chetumal. Fonética, gramática, léxico indígena y chiclero (2002) de Raúl Arístides Pérez Aguilar. Muy disfrutable el capítulo “Léxico chiclero”. Son palabras con poesía encriptada. Siguen algunas.
Manito de lagarto “son dos cortes a la izquierda y dos a la derecha de forma casi vertical para hacer más rápido el descenso de la resina”. Su origen es el parecido de los cortes con las patas o “manos” del lagarto.
Contrayerba. “Bejuco que machacado o hervido o sólo masticado es un excelente antiviperino” contra la mordedura de la nauyaca.
Shalbec. Bolsa. Esto que suena a maya es en lo que derivó mágicamente la voz inglesa “shoot bag”.
Corte abotonado. El que “se da en el árbol por la parte posterior”. Abotonar, cerrar con el botón: es así porque este corte cierra la parte aún “no picada del árbol”.
Dos preciosidades. Espejo de corte “es el practicado en el sámago” (parte del árbol donde se corta para que escurra la resina), “que brilla al otro día, pues refleja —como espejo— los rayos del sol”. Colear: “La madera colea cuando escurre toda su resina”. Pérez Aguilar alude al Diccionario de mexicanismos de Santamaría: “Es moverse los vagones de un tren muy largo en marcha, a uno y otro lado, haciendo zig zags”. Como la resina al ir escurriéndose por el árbol.
Añadiré algo que me llegó por vía familiar pero voy antes a un poema de Borges donde se lee: “A un hombre lo dejó una mujer. Resolvieron mentir un último encuentro. El hombre dijo: si debo entrar en la soledad ya estoy solo. Si la sed va a abrasarme que ya me abrase”. Un chiclero supo que le había tocado ir al final de la columna al internarse en la selva; quedaría expuesto a que el jaguar saltara sobre él, el último. Se quitó la camiseta, se hizo embarres de lodo en espalda y pecho, y dijo: “Si así ha de ser, pues que sea ya. Con manchas en la piel, ya soy el jaguar”. Este momento del chiclero no es indigno del pasaje de Borges.