Fracking. Antes de poner en bandeja de plata al gobierno federal los yacimientos de gas natural de la Cuenca de Sabinas-Burro-Picachos, ubicada en la zona norte y carbonífera del estado (Acuña, Piedras Negras y Sabinas, Nava, Hidalgo, Guerrero, Morelos y Juárez) le sugiero al senador Gabriel Elizondo leer la letra pequeña de las declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum: “el uso del fracking (fracturación hidráulica) en México está condicionado a la existencia comprobada de agua salada profunda en el subsuelo, porque bajo ninguna circunstancia se usará agua dulce destinada al consumo humano, la agricultura o la ganadería”.
De ser ciertas sus palabras, el fracking es imposible en Coahuila por ser un territorio con estrés hídrico estructural.
De manera puntual, en esa cuenca no hay suficiente agua para inyectarla con arena y aditivos químicos a alta presión para extraer al gas shale.
Su extracción llegaría a una región que ha experimentado a lo largo de su historia conflictos por el carbón, el agua, la contaminación, la seguridad laboral, los pasivos ambientales y la desigualdad en la distribución de beneficios.
Mi recomendación para el senador Elizondo es sencilla: deje de lado su delirio por ser gobernador de Coahuila y póngase las pilas para estudiar, informarse y aprender de los expertos en la extracción del gas shale.
Esto le permitirá, idealmente, privilegiar el bien común, presente y futuro, de los coahuilenses.
El cual, le adelanto, no reside en el fracking, a pesar de los intereses económicos y políticos estatales que le impulsan desde hace años y la pretensión desesperada de Sheinbaum por alcanzar “la soberanía energética” del país; sin saber ella aún, sí en la Cuenca de Burgos, que incluye Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, hay agua salada, suficiente gas que pueda recuperarse y extraerse con seguridad a un costo competitivo y sí habrá suficiente inversión para el proyecto de extracción.
La carta de Andy. La misiva de Andy dirigida a Donald Trump por la revocación de su visa, polariza la relación México – EU para llevarla a un terreno de confrontación no diplomática sino política bajo premisas persecutorias, victimizantes e injerencistas.
Atrincherada la 4T en su reducto ideológico, calificará cada acción de los EU bajo esos criterios para fortalecer su base social con rabiosos tintes nacionalistas.