Un querido amigo lagunero me llamó por teléfono para preguntarme: «¿Por qué el rodeo en Saltillo, cuando las vacas están en Torreón?».
Intenté explicarle que, más allá de la ubicación o la vocación del ganado vacuno, existía, desde la perspectiva del gobernador Manolo Jiménez, una raigambre histórica y familiar que justificaba el Rodeo Saltillo Expo, Feria & Fest.
Más aún, le precisé que, desde esa misma visión oficial, también pesaba el vínculo histórico de Coahuila con Texas, lugar emblemático del rodeo: ambas entidades habían formado un mismo territorio hacía doscientos años.
No muy convencido, mi amigo replicó: Pues cuando vea a Gabrielito —se refería al senador Gabriel Elizondo— en Torreón, le reclamaré ese tema y le sugeriré extender la festividad del rodeo a mi terruño y al resto de Coahuila, para que en realidad sea un «patrimonio cultural intangible del estado» y no solo de Saltillo.
Ya entrado en gastos, le pediré también que hable con el gobernador para hacer del rodeo una actividad accesible a todos, sin distinción alguna, y afianzar, a la vez, su potencial turístico y económico en las cinco regiones de Coahuila.
Lo interrumpí: ¿Por qué no hablas directamente con el gobernador, que también es amigo tuyo?
Y me respondió: En este momento es lo mismo porque Gabriel asegura haber visto, una noche de cacería con sus hermanos en su rancho de Villa Unión, un arbusto que ardía sin que el fuego lo consumiera.
Desde el arbusto, asegura, escuchó una voz que le decía: «Gabriel, Gabriel».
Esa misma voz le pidió que se quitara el sombrero y las botas porque el lugar que pisaba era sagrado.
Luego le comunicó —casi igualito que Dios cuando habló con Moisés en el Monte Sinaí, según relata el libro del Éxodo (3, 1-22)— que había escuchado el clamor de su pueblo, los coahuilenses, y que lo había elegido para conducirlos en 2029 a la Tierra Prometida.
Gabriel, sorprendido, presentó excusas por su falta de experiencia y capacidad. Para convencerlo, la voz del arbusto lo tranquilizó con un tono más enérgico: «No te preocupes, Gaby.
Tú aguanta y demuestra, porque, de otra manera, no habrá milagro posible, a pesar de que tengo vara alta con la Santísima Trinidad».