Empezó por la división de poderes.
Aristóteles definió muy bien la política y desde entonces ha penetrado en todos los eventos del poder que han existido en el mundo. Es decir, las cosas no han cambiado cuando se busca el poder, pero lo importante es que se utilice para servir, tal y como lo definió Aristóteles. Pero en la medida en que no sucede así, la política involuciona y se autolimita en su potencial.
La política debe ser tolerante y dialéctica, propositiva y no agresiva, y no depender solo de la emoción, sino de la razón, que se basa en el método lógico de la dialéctica contradictoria de Hegel. En nuestro país hemos evolucionado lentamente, pero logramos con Zedillo transferir el poder del PRI al PAN. Posteriormente, las leyes de transparencia y electorales aumentaron la madurez de nuestra frágil política del siglo XX y nos colocaron en el inicio de la nueva civilización del encuentro de los seres que buscan el poder.
Todo eso tenemos que conservarlo, dándole a la democracia la jerarquía que merece, porque solo con ella podemos cambiar el rumbo del país, sin caer en el imperialismo personal.
Descartes: Pienso, luego existo… La política es para construir y servir, no para destruir o servirse de ella.
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