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Campo hidalguense

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  • Liz Ordaz Islas

El campo hidalguense atraviesa un momento decisivo. A la deuda histórica con las comunidades rurales se suma hoy un contexto complejo, marcado por la crisis hídrica, la presión del crecimiento urbano y una industrialización acelerada que compite ferozmente por el uso del suelo. En este escenario, proyectar el futuro de nuestras tierras exige abandonar la lógica del rezago y asumir la actividad rural como una pieza fundamental de la estrategia modernizadora del estado.

En este replanteamiento, el maguey adquiere un valor estratégico incuestionable. Lejos de una visión romántica o meramente folclórica, se trata de un cultivo adaptado a las condiciones del semidesierto, con un consumo mínimo de agua y un potencial productivo capaz de integrarse a cadenas industriales de mayor escala. Esta planta y sus derivados no representan el pasado de Hidalgo, sino una posibilidad real de inserción en los mercados globales contemporáneos.

Durante años, el desarrollo económico de la entidad ha puesto el acento en la atracción de inversión fabril, mientras que el campo ha quedado al margen de ese proceso. Esta separación ha profundizado las desigualdades regionales; sin embargo, hoy resulta evidente que la industria y la vida rural no deben verse como caminos opuestos, sino como procesos complementarios que generen bienestar compartido.

La modernización del sector implica transitar de la producción básica a la transformación con valor agregado. Procesar, envasar, certificar y diversificar los productos derivados de los agaves abre la puerta a nuevos nichos, tanto nacionales como internacionales. Esto requiere infraestructura, tecnología y capacitación, pero también reglas claras que den certeza jurídica a quienes apuestan por invertir en el ramo agroindustrial.

La comercialización es otro de los grandes retos. Muchos productores dependen aún de esquemas de intermediación que reducen drásticamente sus márgenes de ganancia. Integrar el campo a cadenas de distribución modernas —con acceso a mercados formales, plataformas digitales y rutas de exportación— es indispensable para que la actividad sea rentable y sostenible. El creciente interés global por productos tradicionales y con denominación de origen ofrece una oportunidad que Hidalgo no puede desaprovechar.

En este contexto, la reconversión de la tierra se vuelve un tema central. La presión sobre los recursos hídricos obliga a replantear qué se siembra, dónde y bajo qué criterios. Apostar por cultivos acordes a las condiciones ambientales del estado no es una decisión ideológica, sino una necesidad técnica y económica. El maguey, por sus características, encaja perfectamente en una visión de uso racional del suelo y de adaptación al cambio climático.

Es momento de que el campo deje de ser visto como el pariente pobre de la economía hidalguense. Con inversión, visión empresarial y respeto al entorno, nuestra tierra puede ser, de nuevo, el motor que impulse el progreso de todo Hidalgo.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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