Política

Los dos minutos de odio

  • Política Orwelliana
  • Los dos minutos de odio
  • Lía Trueba

George Orwell, nos regaló en sus sátiras más famosas, una especie de advertencia e ilustración de la perversión en la que desembocan los sistemas totalitarios. Coloquialmente se utiliza el adjetivo «Orwelliano», para referirse a formas de autoridad dictatorial semejantes a la distopía retratada en las novelas políticas del escritor inglés.

En su trascendente obra -1984-, a la ficticia sociedad dominada bajo un régimen totalitario, donde nada escapa del control del Partido, vigilada en todo momento por el ojo del «Gran Hermano» se le bombardea diariamente con «Los Dos Minutos de Odio», espectáculo oficial donde las telepantallas que transmiten en las plazas públicas, recuerdan al enemigo del pueblo «Emmanuel Goldstein», el traidor por excelencia, el culpable de todas las calamidades pasadas y presentes que los aquejan.

El ubicuo conspirador, aglutina los desprecios y paralelamente fortalece la figura del héroe, el Gran Hermano. En el relato, la hostil propaganda gubernamental resulta una efectiva pieza de control y manipulación para perpetuar los principios del «Ingsoc» (Socialismo Inglés).

Tomando con discernimiento esta catastrófica semejanza, en nuestro contexto, al puro estilo Orwelliano, las conferencias mañaneras del gobierno, no estarán completas sin la esperada y sacramental sección dedicada al odio. Sería difícil saber si el efecto producido es colateral o estratégicamente buscado, indudablemente, los señalamientos, la lapidación propagandística, los linchamientos públicos, el poner a unos contra otros y la promoción caudillista del heroico gobierno que está reprendiendo a los inmorales y a los corruptos, cumplen su objetivo.

Cada tema de relevancia es fácilmente desviado, cada asunto tratado termina en la ocurrencia del día, el fichaje de los enemigos y el alimento a la animadversión.

Todos obran y han obrado mal, menos el Presidente y sus secuaces, en toda coyuntura habrá un culpable externo, un enemigo común, un Goldstein hecho a la medida.

Hace unos días, el sermón del Ejecutivo Federal, se fue contra los expresidentes que colaboraron con la iniciativa privada al término de sus encargos, se soltó la lista de los supuestos infames que han destruido y ordeñado a la CFE, se arremetió contra la bautizada “mafia de la ciencia”, esta semana, el aporreo a la sociedad civil cooptada por el conservadurismo”.

Como ejemplo reciente y revelador, tenemos la inquisición de Guillermo García Alcocer, presidente de la Comisión Reguladora de Energía, quien incomodó al oficialismo al manifestarse sobre las ternas a comisionados de la CRE, lo que le hizo merecedor no sólo del uso faccioso de las instituciones en su perjuicio, sino que sufrió el descrédito y el embate de la caballería de desprestigio echada a andar desde la homilía presidencial, a manera de coliseo, donde los espectadores disfrutan jubilosos el ver como algún desafortunado es echado a los leones.

A esta cuestionable persecución, (legal en apariencia), en derecho administrativo, se le conoce como «desvío de poder», un vicio del acto administrativo que lo mancha de ilegítimo, al abusarse del imperio y de las facultades otorgadas por ley, para alcanzar fines ocultos y opuestos al interés público. La movilización del aparato para este caso, tendría propósitos políticos, (mordaza a los opositores) presentada como penitencia para quien la reciente y como advertencia inhibitoria para aquel que piense en emprender similar osadía.

Orwell satirizó el control psicológico que ejercen los regímenes opresivos mediante la creación de enemigos, la propaganda utiliza símbolos poderosos para enardecer ciertas emociones y provocar que el descontento se canalice en representaciones ajenas y contrarias al sistema. La cautiva audiencia de los vómitos oficiales de odio, sin ser plenamente consciente de ello, logra saciar algunas necesidades anímicas, experimentan pequeñas sensaciones de victoria, de regocijo justiciero, de revancha, de cambio.

Esa sugestión y manipulación provocada tan hábilmente, por más ilegítima, antidemocrática, burda y soez que nos parezca, es una chuza: (silencia a los unos, advierte a los otros y encima, el público aplaude).

De ese tamaño es la gravedad del asunto.


*Licenciada en Derecho por la Universidad de Guanajuato

https://twitter.com/liatrueba



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