Las mujeres tienen espacios acotados para la participación política y la construcción de liderazgos sociales.
Tanto en el ámbito local como en el mundial existe poca representación de las mujeres en puestos de toma de decisión o en cargos directivos, ya sea en la administración pública, en el sector académico o en el empresarial.
De acuerdo al diagnóstico de la Organización de las Naciones Unidas ONU existen dos obstáculos para que las mujeres puedan participar en la vida política. El primero son las leyes e instituciones que ejercen discriminación; y el segundo, las brechas relativas a las capacidades que implican que las mujeres tienen menor probabilidad que los hombres de contar con educación, redes de contactos y recursos necesarios para convertirse en líderes eficaces.
Esta situación no ha impedido que las mujeres lleguen a ocupar algunos espacios; sin embargo, todavía existen resistencias y se debe seguir trabajando por condiciones de igualdad de oportunidades de participación política para todas las personas.
En México, el Senado está conformado por 51 senadoras y 77 senadores, y la Cámara de Diputados por 214 mujeres y 286 hombres.
La próxima legislatura tendrá un Congreso de la Unión con mayoría de mujeres; pero en los gobiernos de los Estados, ahora sólo hay una mujer gobernadora, y de las nueve entidades que eligieron gobierno, en sólo dos ganaron mujeres.
Advertir que las mujeres tendrán un mejor papel que los hombres en la escena política es prematuro, pues no se trata únicamente de un tema de cuotas sino de un conjunto de acciones que permitan que lleguen los mejores perfiles, ya sea a ocupar un cargo público o a cualquier puesto de toma de decisión. Ahora bien, ¿las mujeres somos necesarias en la vida pública y política? Por supuesto, nuestra creatividad, inteligencia y capacidad de resistencia, nos han fortalecido a lo largo de la historia. Así que tenemos mucho que aportar y decir con respecto a lo que ocurre en cualquier ámbito de la vida social y política.
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