¿Cuándo fue por última vez al circo? Bajo la carpa los ojos niños de adultos y pequeños brillan de sorpresa. Almas soñadoras nos cuentan una historia de Navidad, entre aplausos, risas y palomitas. Un duende travieso, un elfo roba a los niños su árbol y ellos a través de la historia van recuperándolo, con la ayuda de equilibristas, músicos y hombres que arriesgan su vida conduciendo una motocicleta en una esfera. El asombro del peligro: Ohhh se oye fuerte, las risas también. Los aplausos del final y las caras de los asistentes demostraron que pasamos un buen momento, nos olvidamos de los hoyancos, los desaparecidos, el caos. ¿La función afuera de la carpa debe continuar?
Recordé que el poeta Juan Jesús Aguilar, platicaba sobre un circo miniatura que sus hermanos y él construyeron. Animales de madera, sillas, palcos y levantaban la carpa, se mudaban de cuarto en cuarto de su casa de niño, en la calle Madero. A un camión de juguete, le habían pintado “Circo Aguilar Hermanos”. Un espíritu creativo que llenó de magia, infinidad de charlas porteñas. Lo conocí, en una plática sobre Borges en la librería de Cristal. Volví a verlo una tarde que cruzaba la calle Aduana. Traía las primeras versiones del libro de “La gata sobre el tejado caliente” y ahí en medio de los transeúntes me dio las hojas para leerlas. Ese día, yo vestía unos pantalones vaqueros, no es novedad, pero traía una mascada de seda negra con blanco, como un mantón. La misma que lo acompañó en su pecho, en su última morada.
El poeta admiraba al Che Guevara, conocíamos la historia del “Pañuelo de gasa” el comandante lo llamaba fiel acompañante, se lo había dado Aleida March, por si lo herían en el brazo, sería un cabestrillo amoroso. Cuando llevaron los restos del Che, después de años de su muerte, a Santa Clara, en la intimidad, Aleida pidió que abrieran el osario, para que colocaran dentro, el pañuelo negro de seda, que lo acompañó a la guerrilla, al Congo y por algún motivo no se lo llevó a Bolivia, a su fin.
El circo es como la vida, provoca nostalgia y risas, entre los malabares hay historias que revelan magia, encanto, seducción igual que los encuentros, las lecturas, los amigos, El Amor. Carpe diem.