Muchos esperan que, tras la aplastante derrota de su partido en las elecciones intermedias de Estados Unidos, Donald Trump modere su postura frente a México. No lo creo. De hecho pienso lo contrario. Un Trump debilitado en casa podría convertirse en un Trump más activo en el exterior.
Las consecuencias del “tsunami azul” para Trump serán profundas. Sin el control del Congreso, tendrá enormes dificultades para aprobar leyes y presupuestos, así como para sacar adelante su agenda interna. Un Senado demócrata también podrá bloquear nombramientos de altos funcionarios, jueces federales y ministros de la Suprema Corte. Además, el Congreso podrá investigar su administración, sus colaboradores y hasta sus familiares.
Pero hay una diferencia fundamental entre perder el control del Congreso y perder el poder. Los presidentes estadunidenses conservan amplias facultades en política exterior, seguridad nacional, comercio e inmigración, aun sin el respaldo del Congreso. Es precisamente ahí donde Trump tendrá más incentivos para concentrar su atención. El resultado podría ser una parálisis legislativa en Washington, acompañada de una política exterior mucho más activa. ¿Qué significa esto para México?
En materia migratoria, los demócratas podrían frenar algunas de las iniciativas más radicales de Trump, lo que sería positivo para nuestro país. Pero no esperaría un cambio de fondo. El presidente seguirá contando con múltiples herramientas para endurecer la aplicación de las leyes migratorias.
En el terreno comercial tampoco esperaría grandes cambios. El proteccionismo no es exclusivo de Trump. Muchos demócratas comparten la desconfianza hacia el libre comercio. La revisión del T-MEC podría complicarse si aprovechan su nueva fuerza política para exigir mayores concesiones laborales, ambientales y de otra índole. Trump seguirá contando con amplio poder para imponer aranceles.
Con pocas posibilidades de conseguir grandes victorias en casa, Trump tendrá incentivos para buscarlas afuera. Y México seguirá siendo uno de sus principales objetivos. No me extrañaría que endureciera sus exigencias en materia de seguridad, presionando por la captura de narcos y políticos vinculados con el crimen organizado. Sería una manera de mostrar resultados a sus electores y recuperar terreno político perdido.
Paradójicamente, una postura más dura de Trump no tendría por qué ser mala noticia para México. La presión que ha ejercido sobre el gobierno mexicano ha tenido efectos positivos en varios frentes. Difícilmente estaríamos viendo la misma celeridad en el combate al crimen organizado sin la presión de Washington. Tampoco habría el mismo escrutinio sobre nuestro deficiente estado de derecho.
Quienes esperan un Trump más moderado tras la derrota republicana podrían llevarse una sorpresa. Menos poder en Washington no equivale a menos presión sobre México. Podría ser justo lo contrario.