Más vale que se cuiden los bancos. Muse, el nuevo agente de inteligencia artificial de Meta, dueña de Facebook, amenaza con quitarles una de sus principales fuentes de rentabilidad: el dinero casi gratis de sus clientes.
Estamos entrando a una nueva etapa de la IA. Pasamos de los chatbots, como ChatGPT y Claude, que responden preguntas y generan información, a los llamados “agentes”, capaces de actuar por nosotros. Pueden reservar una mesa en un restaurante, comprar boletos de avión y contestar correos electrónicos, entre muchas otras cosas. Son una especie de superasistente personal que trabaja las 24 horas, los siete días de la semana, sin quejarse y sin cobrar sueldo.
El potencial de los agentes de IA para transformar industrias enteras es enorme, y una de las más expuestas es la de servicios financieros. Una de las principales razones es que buena parte de la rentabilidad de los bancos depende de la inercia de sus clientes. Me explico.
Gran parte de las personas mantiene sus ahorros en cuentas que pagan pocos intereses o ninguno. Para los bancos, estos depósitos representan una fuente muy barata de financiamiento. Pagan poco o nada por el dinero y lo prestan a tasas considerablemente mayores. Este diferencial es parte fundamental de su negocio.
¿Por qué los ahorradores aceptan recibir tan poco? No es necesariamente porque no sepan que existen mejores alternativas. Muchas veces es por costumbre, comodidad o simple flojera de realizar los trámites necesarios para cambiar de institución. También hay razones legítimas para desconfiar de las instituciones que ofrecen rendimientos elevados, pese a que muchos depósitos cuentan con protección gubernamental.
Aquí es donde entran los agentes. En lugar de comparar opciones, llenar formularios y realizar trámites, bastará con pedirle a Muse que encuentre la institución con el mejor rendimiento, verifique su solidez y transfiera nuestros ahorros, sujeto a nuestra autorización (aunque no dudo que los bancos pondrán trabas a los agentes, incluso por la vía regulatoria).
Las consecuencias para los bancos podrían ser profundas. Si millones de clientes comienzan a mover su dinero hacia las instituciones que pagan mejores tasas, los bancos perderían parte de su financiamiento más barato. Para retenerlos tendrían que ofrecer mejores rendimientos, sacrificando márgenes de utilidad. Lo que para los ahorradores sería una excelente noticia, para muchos bancos podría ser un dolor de cabeza.
No es casualidad que el lanzamiento de Muse haya puesto nerviosos a los mercados sobre el futuro del negocio bancario. Y la amenaza no se limita a los depósitos. Los agentes también podrían transformar los pagos, los seguros, la administración patrimonial y otros servicios financieros.
Más les vale a los bancos prepararse. La IA no solo está aprendiendo a pensar por nosotros. También está empezando a actuar en nuestro nombre.