Hacer predicciones siempre implica un grado importante de incertidumbre. Sin embargo, contar con un escenario base resulta indispensable para planear y tomar decisiones, sobre todo en materia de manejo de inversiones, al inicio de un nuevo año.
Con base en el análisis y lectura de diversos especialistas a quienes sigo y respeto, este sería un resumen de las expectativas predominantes para 2026.
La economía de Estados Unidos desacelerará de forma más marcada que en 2025. Este enfriamiento podrá traducirse en una mayor contracción del mercado laboral y, en consecuencia, llevar a la Reserva Federal a recortar las tasas de interés en dos, e incluso hasta tres ocasiones a lo largo del año.
Para México el panorama luce similar: una economía en contracción y un Banco de México que puede verse obligado a reducir tasas entre tres y cuatro veces, siguiendo el ciclo monetario global.
En este contexto, el dólar tenderá a mantenerse débil, mientras que el oro puede continuar con su tendencia positiva o, al menos, mostrar estabilidad. Un entorno de tasas a la baja suele ser favorable para los mercados accionarios, por lo que no será descabellado pensar en un cuarto año consecutivo de rendimientos positivos, aunque probablemente menos espectaculares que los observados antes y, aun así, superiores a lo que puede ofrecer el mercado de deuda.
Un factor relevante —aunque hasta ahora con impacto marginal en los mercados— es la intervención de EU en Venezuela. No soy experto en geopolítica, por lo que resulta difícil anticipar si este episodio tendrá implicaciones más amplias en el conflicto entre Rusia y Ucrania o la relación entre China y Taiwán.
Desde una óptica política, este movimiento puede interpretarse como un intento de Donald Trump, en año electoral, por proyectar una imagen de acción y determinación, más que de amenazas sin ejecución. En el terreno diplomático, quienes opten por confrontarlo enfrentarán mayores dificultades en futuras negociaciones con la potencia más influyente del mundo.
Sin entrar a fondo en lo que esto implica para México en términos de soberanía y relaciones diplomáticas, el mensaje es claro: en temas que Washington considera estratégicos —sobre todo los relacionados con el narcotráfico— no puede descartarse una postura más intervencionista.
Con todas las reservas que implica cualquier pronóstico, este será el escenario base con el que arranca 2026. Que sea un gran año.