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Cuando el petróleo vuelve a encender la inflación

Desafortunadamente, todo conflicto armado trae consigo tragedia y dolor humano. Ese es el elemento más lamentable y el que nunca debemos normalizar. A lo largo de la historia la humanidad ha aprendido a convivir con guerras. Ahí están los casos de Ucrania y Rusia, Palestina e Israel, y ahora este nuevo conflicto entre Irán y Estados Unidos.

Sucede que al inicio todos estamos consternados y muy pendientes. Las afectaciones económicas y financieras, dependiendo de lo que se altere, generan incertidumbre y volatilidad en los mercados. Sin embargo, con el paso del tiempo existe el riesgo de que esos conflictos, por lejanos que parezcan para muchos, terminen por ser ignorados o incluso normalizados.

Cuando una guerra no tiene repercusiones económicas relevantes, el interés global tiende a diluirse más rápido. Pero cuando impacta directamente en sectores estratégicos, el efecto trasciende lo político o lo militar y alcanza a la economía mundial.

En este nuevo conflicto la preocupación principal es el petróleo. La región es clave para el suministro energético global, y el estrecho de Ormuz es una de las rutas marítimas más importantes del planeta. Por esa vía transita cerca de una quinta parte del petróleo que se produce y comercializa en el mundo.

Las tensiones han complicado el tránsito y la oferta de crudo, lo que ha empujado los precios por encima de 100 dólares por barril. El encarecimiento del petróleo tiene efectos amplios sobre la economía global. La gasolina, el transporte, la producción industrial y las cadenas de suministro dependen de este insumo.

Por ello uno de los riesgos más relevantes es el efecto que estos precios tengan en la inflación. En el último año muchos bancos centrales habían comenzado a reducir las tasas de interés después de un largo periodo de política monetaria restrictiva. Sin embargo, un nuevo impulso inflacionario puede frenar ese proceso o incluso obligar a revertirlo.

Subir de nuevo las tasas implicaría endurecer las condiciones financieras, encarecer el crédito y limitar el crecimiento económico. En un escenario así, es probable que los mercados reaccionen de manera negativa, con presiones en las acciones y en los bonos.

Ojalá que este conflicto no se prolongue ni se normalice. Más allá de la tragedia humana, el mundo tampoco necesita un nuevo choque inflacionario que complique aún más la estabilidad económica global.


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Juan S. Musi Amione
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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