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Miércoles , 20.02.2019 / 01:58 Hoy

Instinto de conservación

Tenacidad y valor de ciudadano común

Juan Miguel Alcántara Soria

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En un ambiente pragmático, inundado de apuestas que entonces, como ahora, no duran más de una semana, mi padre no perdió de vista los objetivos de mediano y largo plazo para quienes ven más allá de sí mismos, y asumió su parte de responsabilidad en el cambio democrático del País a partir de formar ciudadanía.

La normalidad en casa era ver a nuestro padre cada semana acudir a su junta del partido y los fines de semana subir el equipo de sonido a su coche e ir a perifonear, solo, por las calles de Irapuato y en comunidades rurales, anunciando la presencia de candidatos, convocando a mítines o enseñando a votar con libertad, acompañado de un breve discurso sobre el mal gobierno y los deberes ciudadanos. Pocos le hacían caso al principio, él nunca se desesperó.

Recordamos de niños que en días previos a elecciones mecanografiaba hasta la madrugada los nombramientos de representantes de casilla que sudaba para conseguir. El día de las elecciones desde las 5:00 de la mañana llevaba con dos o tres voluntarios a las comunidades rurales los pocos representantes de casilla apuntados. Para al cierre recibir resultados de casillas, entonces todas ganadas zapato por la aplanadora del PRI. Se convencía había que redoblar esfuerzos.

Hacer compatible su militancia política en la oposición con la pertenencia a un sindicato electricista oficialista siendo trabajador de la CFE, dentro del cual sembró ideas democráticas que lo hicieron secretario de sección, fue uno de sus mayores riesgos asumidos en las circunstancias de régimen autoritario que se vivía.

Cuando se logró la alternancia democrática en el 2000, decidió dejar espacios partidistas para dejar crecer relevos ciudadanos. Concedió un alto valor al esfuerzo en sí mismo de iluminar conciencias y rumbos, de sembrar semilla, de plantear problemas locales y nacionales con honradez, de extender y vigorizar su organización, de orientar la opinión pública, de demostrar el movimiento andando hacia el México democrático, libre y justo.

No le fue ajena la circunstancia de panistas que al llegar a los cargos públicos traicionaban ideales y al pueblo, y hacia dentro formaban facciones y olvidaban los motivos espirituales. Le indignaba porque debilitaban la causa de México y del pueblo que había creído en ella.

Fue un hombre de fe, de ideas e ideales, de convicciones y acciones. Pecador promedio. En su lucha tenaz por sus ideales democráticos, se guió por principios a los que nunca dio la espalda. Amó a México y sus valores, a ambos sirvió con convicción y valentía. Se mantuvo imperturbable ante la indiferencia, la burla y las agresiones del ambiente y del sistema que combatió. Supo que trabajar por la democracia y la libertad dentro de nuestro país, debía hacerse con tenacidad y valor. Nos enseñó que nunca debemos claudicar mientras hayan fuerzas para luchar por éste México nuestro que a ratos nos cobija y a ratos nos agravia, pero que en todo momento nos exige valor y esperanza, valor para sonreírle y esperanza para desafiarlo sin tregua.

No nos despedimos de él porque volveremos a verlo, se adelantó en ese viaje que todos seguiremos. Hoy simplemente queremos decirle, papá, cumpliste tu misión, gracias; la embarcación sigue su destino. “El hombre es Patria que pasa, la Patria es Hombre Inmortal”. Estas palabras son parte de lo que expresé este lunes en el homenaje que le hicieron a mi padre Baltazar Alcántara Torres en la Universidad Quetzalcóatl en Irapuato, a dos meses de su partida.

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