Ahora que ya hay candidatos a diputaciones locales, hago esta reflexión: Coahuila necesita un Congreso que llegue a diseñar el futuro.
Siempre he tenido, por temas familiares y de negocio, una cercanía especial con Texas.
Mientras más lo conozco, más veo su parecido con Coahuila: las botas, los caballos, el ganado, el rodeo, la frontera, el trabajo duro, la industria, la energía y ese orgullo norteño de hacer que las cosas sucedan.
Texas es hoy una potencia no por casualidad, lo es por visión.
Apostó hace años por infraestructura, energía, certeza jurídica, permisos más ágiles, impuestos competitivos y leyes que facilitan la inversión.
En años recientes incluso ha impulsado medidas para destrabar desarrollos mediante revisión de permisos por terceros, reformas para facilitar más vivienda y mayor densidad urbana.
Coahuila tiene mucho de ese ADN. Somos un estado industrial, exportador, seguro, con cultura de trabajo y ubicación privilegiada frente al mercado más grande del mundo.
En 2024, Coahuila registró ventas internacionales por 33.4 mil millones de dólares, con fuerte peso de autopartes y manufactura avanzada.
Además, tiene potencial energético en gas no convencional, el popular fracking, en las cuencas de Sabinas y Burgos, que podría detonar inversión, empleo e industria si se hace con técnica, responsabilidad ambiental y visión de largo plazo.
Coahuila puede ser el Texas de México, pero para lograrlo necesita un Congreso que legisle pensando en el primer mundo.
Un Congreso que genere leyes que aceleren la inversión, faciliten la apertura de empresas, den certeza jurídica, impulsen infraestructura, fortalezcan la seguridad, detonen vivienda, desarrollen talento técnico y conviertan nuestras ventajas naturales en prosperidad para todos.
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