A finales del mes pasado la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) -mi alma mater del posgrado-, informó de una serie de irregularidades que se detectaron en la primera experiencia de una prueba de ingreso a la licenciatura en dicha institución realizada completamente en línea.
Para ello se contrató a la empresa Territorium Life a fin de desarrollar las acciones y programación digital que sobre la base de una plataforma estructurada con Inteligencia artificial realizó dicha prueba a 158,727 aspirantes durante tres fines de semana.
Nuestro sistema educativo no es el mejor del mundo, ni siquiera le pisamos los talones al de Finlandia que si lo es. Pero la UNAM está entre en el ranking 201-300 de las mejores universidades del mundo –nada mal dada nuestra pobreza intelectual y científica como país- donde se mantiene en el primer lugar entre las instituciones de educación superior de México y en el segundo de América Latina, detrás de la Universidad de São Paulo.
La única otra institución mexicana incluida entre las mil universidades publicadas en el índice de la Universidad Jiao Tong de Shanghái es el Instituto Politécnico Nacional (IPN), también pública. Está posición la ha mantenido la UNAM durante las últimas seis ediciones.
El ranking ARWU de Shanghái mide variables relacionadas con la investigación y el desempeño científico, entre ellas premios Nobel y medallas “Fields” obtenidos por egresados o profesores, investigadores altamente citados, artículos indexados en bases científicas internacionales y desempeño académico per cápita.
A partir del lugar 101, el ranking agrupa a las instituciones por rangos, por lo que no asigna una posición individual determinada a la UNAM dentro del bloque 201–300.
Pero aun así, los problemas de la masificación académica le han impactado severamente. La excelencia la logra en sus centros e institutos de investigación donde sus académicos e investigadores hacen esfuerzos importantes para sobresalir en ese competido campo a nivel mundial.
El volumen de aspirantes a licenciatura que hicieron la prueba da cuenta de ello. El 16 de julio de 2026 se publicaron los resultados originales, detonando las alertas inmediatas por la acumulación atípica de puntajes casi perfectos en carreras de alta demanda como Medicina y Derecho, cosa que jamás había ocurrido en exámenes de evaluación presenciales.
Posteriormente el rector Leonardo Lomelí Vanegas ordenó la creación de una Comisión Técnica y anunció la suspensión provisional de inscripciones y entrega de papeles. La Comisión Técnica dictaminó la obligatoriedad de un examen de control presencial para validar legítimamente el ingreso, lo que llevó a confirmar lo ocurrido y que el rector Lomelí sintetizó en una frase algo rara: “nunca nos imaginamos el tamaño del negocio”.
Al final se dará prioridad a los que presentaron el examen correctivo presencial y obtuvieron los más altos puntajes.
Y la realidad es que cualquier padre de familia haría hasta lo imposible para que su hija o hijo logre estudiar una carrera universitaria y sobresalir socialmente como profesionista.
Y eso “imposible” incluyó contratar y pagar para que “profesionales” de la trampa, o incluso “aficionados” novatos se dieran gusto utilizando la inteligencia artificial para consultar rápidamente las respuestas a las preguntas formuladas en una pantalla de computadora.
Y que pasó: que mientras el sustentante aparecía durante tres horas mirando fijamente la pantalla, incluso pareciendo nervioso y aburrido, otra persona le decía que contestar mediante distintos medios o estratagemas. El contorno del sustentante no fue supervisado.
La comodidad para no convocar en persona a tal volumen de aspirantes y que lo hicieran desde un punto remoto hizo que las puertas de la transa se abrieran de par en par. Hasta este momento la empresa privada responsable no ha respondido ni dado explicaciones. Lo que es preocupante porque la SEP tiene más contratos con ella para educación y formación en línea.
Pero lo más grave es que durante las nuevas aplicaciones físicas, que se pidieron a los “sospechosos”, las autoridades universitarias detectaron nuevos métodos prohibidos, como el uso de celulares escondidos en baños y lentes equipados con cámaras ocultas. Antes solo eran identificaciones falsificadas. Un impostor se presentaba en lugar del legitimo aspirante.
Ahora se ha sofisticado el engaño, la transa ha llegado hasta el uso de la IA y nuevas herramientas tecnológicas. ¡Vaya! hasta en eso somos un ejemplo negativo en los valores que muchos de nuestros jóvenes parece que no conocen y no tienen.
Mientras en Corea o Japón la integridad moral es un requisito para cursar una carrera universitaria, y que se debe demostrar a lo largo de las distintas etapas de la vida, aquí escuchamos música de banda y regional mexicano que ensalzan burdamente todo: el sexo, la transa, las drogas, el lujo, lo fácil, las armas, las sinrazones de la violencia. Es la moda entre los jóvenes. De ahí han aprendido (“mamado” diría un ranchero). Es la triste realidad.
¿Qué podemos esperar de este país si nuestros jóvenes actúan así?