Política

Hipocresía, censura y cringe

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¡Bola de hipócritas! El pasado viernes 21 de agosto terminaron las mesas de diálogo sobre los lineamientos de los derechos de las audiencias.

Y yo no vi a todas esas comunicadoras, comunicadores y periodistas que se rasgaron las vestiduras hablando de censura, participando en ellas.

¡No! Fueron muy buenas, muy buenos, para hacer sus “mesitas” de opinión en la comodidad de sus instalaciones en lugar de ir a dar la cara en donde la tenían que dar.

¿No se dan cuenta de que ante esto no hay manera de no ponerse del lado de las autoridades?

Y, lo peor de todo, ¿no se dan cuenta de que al hacer esto le están dando la razón a la gente que “abre conversaciones” publicando listas?

En verdad, esto es “el mundo al revés”. Por eso los medios van de mal en peor y el pueblo de México, que no es estúpido, va mil veces más rápido que ustedes con su guerra ideológica.

Le hablo a las dos partes. Porque las dos están increíblemente perdidas y si no me cree, voltee a ver los torneos de “farmeo” de “auras”.

Un grupo de jóvenes, de esos de los que los “boomers” hablan tan mal, organizó un concurso de “auras”. Sin patrocinadores, sin televisoras, sin el permiso de ninguna secretaría.

Sólo una bocina, un círculo en el suelo y una regla brutal: si das aura, te quedas. Si das cringe, te vas. El público decide a gritos.

Llevo 39 años escribiendo sobre contenidos, audiencias, defensorías, códigos de ética, consejos consultivos, criterios de clasificación y cosas peores. Nunca vi una defensoría tan efectiva.

Y lo digo el mismo fin de semana en que dos noticias nos recuerdan el fracaso de la otra vía, de la vía punitiva.

En Veracruz, el Congreso local analiza revivir el delito de “ultrajes a la autoridad”. La iniciativa, disfrazada de orden público, busca sancionar expresiones que “agravien” a un funcionario.

¿Entiende usted la aberración de la que le estoy hablando? No, pero espérese. Se pone peor:

En la Ciudad de México, la Comisión de Radiodifusión y Telecomunicaciones discute lineamientos para sancionar contenidos que “afecten la sana convivencia”.

¡Me muero! Vamos para atrás, para atrás, pero muy para atrás. ¡Al peor de los pasados!

Mientras los que manejan el poder y el poder suave se dan con todo en esta lucha sin sentido, el pueblo de México se volvió a organizar por su cuenta y les respondió de manera magistral: “farmeando” el “aura”.

Le explico. Comencemos por la primera raíz de esto: el cringe.

El cringe es el concepto más importante de la comunicación de 2026. Es, para acabar pronto, la pena ajena.

Es cuando alguien quiere verse muy “cool”, muy sensual, muy rudo y se nota a leguas que está actuando.

Es el baile forzado, la frase robada, el llanto falso de TikTok.

Cuando una chica o un chico dice “qué cringe”, no está diciendo “no me gusta”. Está diciendo: “Esto no es auténtico. Esto miente. Esto quiere ser algo que no es. Esto rompe el pacto”.

Ahora vayamos a la segunda raíz de este fenómeno: el aura.

Tener aura es lo opuesto al cringe. Es entrar a un lugar y que te volteen a ver sin hacer nada. Que te volteen a ver porque eres de verdad.

No tiene que ver con belleza. Es seguridad. Es congruencia. Es ser tú misma, tú mismo, sin pedir disculpas. Es creer en lo que haces y sostener la mirada.

Las y los jóvenes de hoy inventaron el verbo “farmear” para unir esto.

Farmear aura es mentir, es fingir, es aparentar, intentar fabricar aura.

Es hacer de todo para caer bien, para que te graben, para volverte viral. Casi siempre, cuando alguien farmea aura, termina dando cringe.

Y hay torneos públicos. Sin tecnología de por medio. El pueblo castiga a los que mienten. Celebra a quienes son de verdad. No necesita intermediarios.

Todo esto, para acabar pronto, es una prodigiosa representación simbólica de lo que durante décadas le pedimos a los medios, a las redes, a los políticos y a los empresarios: autenticidad, verdad, congruencia entre lo que se dice y lo que se hace.

La televisión nunca pudo autorregularse. La radio, menos. Por eso inventamos defensorías que nadie veía, códigos que nadie leía y multas que nadie pagaba.

Nuestras juventudes lo resolvieron en tres patadas, sin presupuesto. No necesitaron el artículo 1916 del Código Civil Federal.

¡Las amo! ¡Los amo! ¡Gracias! ¡Son lo máximo!

Estoy completamente de acuerdo con esta manifestación que rompe por completo con las patéticas, manipuladoras y ya insoportables tendencias del mundo digital y mediático.

Nos quisieron vender que para valer tenías que ser viral, usar filtros, mentiras y polémicas. Ellas y ellos proponen lo contrario: pararte en vivo, sin edición, y jugarte todo frente a extrañas y extraños.

¡Bola de hipócritas! El pasado viernes 21 de agosto terminaron las mesas de diálogo sobre los lineamientos de los derechos de las audiencias.

Yo no vi a todas esas comunicadoras, comunicadores y periodistas que se rasgaron las vestiduras hablando de censura, participando en ellas.

Y ni falta que hizo. ¿Saben por qué? Porque el pueblo de México, el más joven, ya habló: el cringe es la nueva defensoría de las audiencias. Ustedes no tienen aura.


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Álvaro Cueva
  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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