El mundial de futbol 2026 sigue su camino cronológico. Habrá muchas cosas que ver y decir al respecto, muchos vericuetos por tratar, pero todavía faltan más de veinte días para que concluya. Agradezco al lector Christian que amablemente me mandó un correo para comentarme dos aspectos que corregir de mi columna pasada: primero, que Berterame (uno de los muchos futbolistas profesionales naturalizados mexicanos) no se llama Guillermo si no Germán; y segundo que no está convocado a la selección mexicana. Las dos precisiones son ciertas y las agradezco. Me di cuenta de dicho error ya tarde, una vez que la columna había sido enviada para edición.
Los extranjeros naturalizados convocados siguen metiendo goles: dos de los tres contra Chequia. Uno del colombiano-mexicano Quiñones, y otro del español-mexicano Fidalgo. Vaya que con dichos refuerzos vamos en caballo de hacienda hacia la siguiente ronda.
Está columna “Bosque de Luz” siempre ha apreciado y valorado los comentarios que mis lectores me hacen llegar, incluso siendo críticos, pero siempre respetuosos. A veces con diferencias de opinión en lo político-partidista; pero creo que todo el tiempo buscando lo fundamental: el bien y la superación de todos los mexicanos unidos como nación. Siempre he procurado darles voz a todos, aunque tratando de guardar sus identidades como parte de una privacidad que debe ser resguardada.
Bosque de Luz está por cumplir (exceptuando, aunque incluyendo–je je-, los periodos vacacionales y una pausa originada por las circunstancias) más de tres años de una cronología medida bajo el tiempo. Pero si por el número de sus publicaciones. En todas ellas las lectoras y lectores han sido parte fundamental de una relación circular: la leen, a veces la comparten, luego opinan y me retroalimentan.
Algunos (as) me han pedido que hable del problema jurídico de los dueños de palcos en el estadio Azteca, hoy denominado Ciudad de México para el mundial, y parece que con el nombre rentado a un banco, como ahora ya se estila eso de rentar nombres. Al ser privado resulta una simple operación mercantil. Muy distinto es cuando el patrimonio público pasa a comercializarse bajo esta modalidad en distintos puntos de la geografía nacional y configura aspectos dignos de análisis desde diversos ámbitos del Derecho Público.
Este tema ya resultó insustancial porque se resolvió a medias, nada para nadie, o algo para cada uno. Y en una solución salomónica intermedia el juez federal optó por darle parte unos (grupo Ollamani y la FIFA) y a otros (palco habientes). Se resolvió que, durante los partidos del Mundial, el recinto se rige estrictamente por los reglamentos del organismo, por lo que se revocaron los derechos de acceso irrestricto (como si fuera tan fácil y así por nomás, en una elasticidad increíble de la norma jurídica). Algo inaudito que sólo la libre decisión judicial puede hacer.
La disputa concluyó con las siguientes medidas para los dueños de palcos: ingreso sin privilegios, ya que los propietarios no pueden ingresar con sus propios alimentos, bebidas ni vehículos. Acuerdo comercial, dado que se permitió el acceso a los propietarios tras un pago millonario a la FIFA por parte del Estadio Azteca para liberar los espacios y cumplir con el requisito de estadios "limpios" de publicidad y compromisos comerciales previos. Y, los procesos legales quedaron pausados: aunque pueden asistir a los encuentros bajo los términos de la FIFA, pero los propietarios de palcos mantuvieron las demandas contractuales activas para reclamar indemnizaciones tras la conclusión del torneo.
Y así, sin más, sigue su marcha el mundial, las empresas organizadoras contentas ($), los aficionados contentos y con festejos (más aun los que pueden ir a los estadios pagando lo que se cobra, incluyendo a la reventa); y los que solo vemos en la televisión abierta o por plataforma los partidos, dándonos el tiempo para hacerlo. ¡Que más! Los pendientes laborales, familiares y personales pueden esperar. Ya lo dijo otro amigo mío, Pedro, citando la frase de Valdano/Sacchi: “De lo menos importante, el futbol es lo más importante”. Saludos.