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Superconductores

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  • José Cruz Hernández Moreno

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Los superconductores representan una de las maravillas de la física moderna y son pilar de la economía moderna. Estos materiales conducen la electricidad sin resistencia alguna y expulsan completamente los campos magnéticos (efecto Meissner), permitiendo aplicaciones revolucionarias. Su historia combina descubrimientos accidentales, avances teóricos y promesas tecnológicas que podrían transformar la energía, la medicina y el transporte.

El nacimiento de la superconductividad se remonta al 8 de abril de 1911. El físico holandés Heike Kamerlingh Onnes, trabajando en la Universidad de Leiden, experimentaba con mercurio enfriado a temperaturas cercanas al cero absoluto usando helio líquido, que había licuado en 1908. Al alcanzar aproximadamente 4,2 Kelvin (−269 °C), observó que la resistividad eléctrica del mercurio caía bruscamente a cero. Este hallazgo le valió el Premio Nobel de Física en 1913. Durante décadas, los superconductores se limitaron a metales y aleaciones a temperaturas muy bajas (superconductores de baja temperatura o LTS, como niobio-titanio o niobio-estaño). En 1933, Walther Meissner y Robert Ochsenfeld descubrieron el efecto Meissner, que distingue la superconductividad de la conductividad perfecta. Un hito transformador ocurrió en 1986 cuando Johannes Georg Bednorz y Karl Alexander Müller descubrieron la superconductividad a alta temperatura (HTS) en óxidos de cobre (cupratos). Alcanzaron temperaturas críticas por encima de los 30 K, y pronto se superaron los 77 K (punto de ebullición del nitrógeno líquido), mucho más accesibles y económicos que el helio líquido. Esto abrió la puerta a aplicaciones prácticas. Bednorz y Müller recibieron el Nobel en 1987. Posteriormente se exploraron otros materiales como los superconductores de hierro (2008) e hidruros bajo alta presión (como el hidruro de lantano a ~250-260 K bajo presiones extremas). En años recientes (2025-2026), avances en nickelatos y técnicas de películas delgadas han estabilizado superconductores a presión ambiente, y se reportan progresos hacia temperaturas más altas, aunque la superconductividad a temperatura ambiente sigue siendo un objetivo esquivo pero prometedor.

Los superconductores son indispensables en la investigación fundamental y la tecnología. Su importancia radica en la eficiencia energética: en un mundo con demanda creciente de electricidad y transición verde, eliminar pérdidas (que en redes tradicionales pueden superar del 5 al 10%) representa un avance monumental.

El mercado global de superconductores experimenta un crecimiento robusto. Según estimaciones recientes, el mercado se valoraba en alrededor de 11 mil millones de dólares en 2025 y se proyecta alcanzar entre los 26 mil millones para 2035, con tasas de crecimiento anual compuesto (CAGR) entre 9% y 11,8%. El segmento de alta temperatura crece aún más rápido (alrededor del 11,5%). Los desafíos económicos incluyen el alto costo de los materiales y refrigeración (aunque el nitrógeno líquido es barato), y la necesidad de cables flexibles y escalables de segunda generación (2G HTS). Sin embargo, la reducción de costos y el aumento de producción masiva están mejorando la viabilidad.

Un superconductor a temperatura ambiente transformaría la economía global: transporte altamente eficiente, redes eléctricas sin pérdidas, almacenamiento magnético de energía masivo y dispositivos electrónicos revolucionarios. Se estima que podría agregar billones a la economía mundial a largo plazo al optimizar sectores energéticos y de movilidad. Sin embargo, a pesar de los avances, persisten barreras: la mayoría aún requieren refrigeración, y los mecanismos en materiales no convencionales no están completamente entendidos.

Los superconductores han evolucionado de curiosidad de laboratorio a pilar tecnológico. Su origen en el frío extremo del helio líquido contrasta con su potencial para un futuro más eficiente y sostenible. La inversión continua porque no solo promete retornos económicos sustanciales, sino que podría resolver desafíos globales como el cambio climático y la demanda energética. Encarnan el poder de la ciencia básica para generar innovación disruptiva. Su impacto económico ya es tangible y promete multiplicarse en las próximas décadas, redefiniendo industrias enteras.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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