En medio de un ataque aéreo, en la Segunda Guerra Mundial, Asa Heshel sacaba un libro de álgebra del bolsillo de su abrigo y se ponía a resolver ecuaciones mientras las bombas caían a su alrededor. Cuando alguien le hacía ver que aquello parecía una excentricidad, él respondía que esa era la mejor manera de protegerse del caos y de sobreponerse al terror que suponía el bombardeo.
No correr, ni mirar al cielo, ni ponerse a rezar: resolver ecuaciones porque, como diría Platón, los objetos matemáticos pertenecen al mundo de las ideas, que son inmunes al deterioro del mundo sensible.
Asa es un personaje de La familia Moskat (1950), la fabulosa novela de Isaac Bashevis Singer que, con su método excéntrico para resistir los bombardeos, nos regala un concepto muy útil a los habitantes del siglo XXI: el ritual de supervivencia.
Asa implementa una resistencia de corte estoico; al enfocar toda su energía mental en una ecuación, reduce el universo entero al tamaño de una página y así se libra del horror: ignora aquello que no depende de él (el bombardeo) y se instala en el sosiego que le da el concentrarse en lo que puede controlar (los ejercicios de álgebra).
El bombardeo y el libro que lleva en el bolsillo son perfectamente extrapolables a nuestra vida cotidiana, que tiene sus momentos de desasosiego, sus bombardeos que podemos ignorar, o matizar siquiera, no necesariamente resolviendo ecuaciones sino poniendo en práctica nuestro propio ritual de supervivencia, que puede ser cualquier cosa que, al dedicarle toda nuestra concentración, nos ayude a abstraernos de esa circunstancia. Claro que el libro no modifica la realidad exterior pero, al blindarnos el interior, nos defiende.
El ritual puede ser, como digo, cualquier cosa que implique la concentración que conseguía Asa Heshel, un mecanismo de emergencia, a la hora del bombardeo, que bien pudiera ser leer en voz alta un poema largo, quizá en una lengua que no dominemos del todo, o una acción más mundana como armar un cubo de Rubik. A la hora de las bombas, parece que nos dice Singer, hay que refugiarse dentro de uno mismo.