En 1799 muere el Papa Pío VI en una cárcel de Francia y los enemigos de la Iglesia católica, publican en la prensa francesa que el muerto es el último Papa de tal institución, pero no contaban con que el grupo de Cardenales que entonces existían en la Iglesia, se reúnen en Cónclave y nombran un Papa nuevo que dé continuidad a la convicción que la Iglesia tiene, según la voz de Cristo de que las fuerzas del infierno no prevalecerán sobre ella.
Se nombró al nuevo Papa mientras tanto, los gobiernos del mundo continuaron sus caminos, a veces con revoluciones, o con estabilidades.
Y, la Iglesia manteniendo relaciones con todos los pueblos, con gobiernos monárquicos, a veces de imperios; con gobiernos demócratas o dictaduras apoyadas por demócratas.
A nadie se oculta que el mundo y los gobiernos de los pueblos, viven en constantes cambios y que a muchos ciudadanos, tales cambios los traen locos.
Para sobrevivir, muchos se van a las causas últimas de los fenómenos que nos puedan explicar de qué naturaleza es lo que nos está afectando.
Otros piensan que lo mejor es no preguntarse nada, pues todo cambio es inevitable y a nosotros nos toca preguntarnos porqué ya no es tan válido cuando decíamos “gánale al PRI” con convicción que juzgábamos práctica y sabia, cuando abundaban respuestas a preguntas que ya nadie se hacía.
Dicen los obispos latinoamericanos en Aparecida: “Vivimos en un cambio de época, cuyo novel más profundo es el cultural” (Ap.44).
Razón que en muchos es motivo para hacer lo que a cada quién le dé su gana, y arrancar por los caminos que quiera, porque todo es un enredo y cada quien piensa como cierto, lo que piensa.
En este mundo así.
Después de las fiestas del “Buen Fin”, se nos acerca la Navidad, que ya tiene dos meses anunciándose con una publicidad avasalladora que no contrarresta ni el más potente gobernante del planeta Tierra.
Pero la Iglesia católica y otras denominaciones cristianas, nos hablan del “Adviento”, un término latino que se traduce así: “Qué ya viene”. ¿Quién?, Cristo.
Y que no tratemos de hacernos “lolos”, no se cumple ese advenimiento con hacer nacimientos en domicilios sino que hay que ir al corazón del Evangelio, que nos trasmite la predicación del Reino de Dios.
Un Reino de Dios que nada tiene que ver con los abundantes comentarios –no todos- de radio y televisión que no ven en la situación actual más que pura desesperación, sin caminos posibles para la esperanza. ¿Es usted?