Para resolver los problemas de la población, los gobiernos locales son fundamentales e insustituibles. En un país con escenarios complejos de inseguridad, falta de servicios públicos y combate a la pobreza, no hay nada más necesario que fortalecer la célula fundamental de gobierno: los municipios. En la medida que los gobiernos locales, quienes viven de frente a los ciudadanos, construyan capacidades propias para gobernar y solventar los retos que se enfrentan, es en la medida que los ciudadanos percibirán también que las cosas en su entorno avanzan positivamente. Cuando ellos fallan, el ciudadano asume que todo el gobierno está fallando, pero cuando aciertan, se generan condiciones que devuelven la confianza de los ciudadanos en sus gobernantes.
En ese sentido, en un país en donde el municipio impulsa la construcción del tejido social en torno a pactos de convivencia estables, es destacable que sean las voces de los presidentes municipales las que busquen ser escuchadas para lograr una nueva distribución de recursos entre la Federación y los municipios. En esta misión, lo que buscan es establecer capacidades mínimas para atender a los ciudadanos, y después, incentivar el desarrollo y progreso que solo puede ser entendido en nuestros días desde lo local.
Así, durante la semana, alcaldes de todo el país llegaron a las puertas de Palacio Nacional en la búsqueda de un diálogo sobre el presupuesto del próximo año, preocupados por las restricciones previstas que pudieran lastimar actividades fundamentales de sus gobiernos. Sin embargo, la solicitud fue recibida con gases lacrimógenos, más allá del acuerdo de establecer mesas de diálogo para esta semana. No cabe duda: en una República con una democracia como la nuestra, todas las voces deben ser escuchadas. El ejercicio de la política exige generar consensos y encontrar equilibrios, pero en estos días, acentuadamente, exige que se fomente la tolerancia a la diversidad de pensamientos. Ya es hora de reconocer que el país solamente puede avanzar si, entre todos, generamos condiciones de estabilidad para que los gobiernos cumplan con sus responsabilidades.
Por otro lado, en este contexto será importante que los municipios recojan el ejemplo de ayuntamientos que están haciendo la cosas bien. No se trata solo de estirar la mano y exigir recursos a la Federación, sino también de asumir compromisos para responder a la confianza que la población ha depositado en ellos. Bien dicen que el que da excusas no da resultados; la Federación debe ofrecer estabilidad y favorecer la construcción de capacidades locales, para que al mismo tiempo los municipios atiendan problemáticas como la inseguridad y la pobreza.
Resulta fundamental que los alcaldes que entienden su liderazgo ayuden a generar un nuevo pacto en la República, uno que surja desde el municipio y que se respalde en las entidades y la Federación. Así, la responsabilidad de quienes ven de frente a los ciudadanos será el verdadero motor del cambio y de las causas comunes que preocupan a los ciudadanos.
Esperemos que, en estos tiempos de la política nacional, llenos de nuevas definiciones, encontremos en el liderazgo de los municipios un motor que impulse mejores gobiernos, pero también encontremos en el gobierno federal esas ganas de tejer un diálogo fructífero; la unidad nacional se construye con voluntad política, diálogo, altura de miras y generosidad para abrir puertas. Al final, los tres órdenes de gobierno tienen las llaves y los medios necesarios para que la República, unida, enfrente a los verdaderos enemigos de la nación.
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