Política

¿Percepción o realidad?

  • Ekos
  • ¿Percepción o realidad?
  • Javier García Bejos

Después del Primer (o tercer) Informe de Gobierno del presidente López Obrador, queda claro que en el ejercicio de gobernar la percepción es una cosa y una muy diferente es la realidad de un país. Esta diferencia es amplificada en nuestros días; vivimos momentos en los que entender la realidad requiere un poco más de análisis que de costumbre. Para bien o para mal, los filtros de la comunicación virtual generan ánimos, encumbran figuras y construyen o destruyen reputaciones en instantes; pareciera que la agenda dictada y la avalancha de posicionamientos moldean un termómetro definitorio, un juicio terminado.

Al final del discurso del domingo pasado, surgió una duda por encima de todas las demás: ¿será que la percepción de que las cosas “van bien” es suficientemente poderosa para rendirle cuentas a la ciudadanía? Yo no lo creo. Si bien el inicio de las administraciones federales siempre es lento debido a la inercia que se arrastra, también es verdad que, ante la evidencia, el discurso triunfalista no puede durar mucho. No se trata de sembrar división o negatividad. Simplemente las cifras y los datos, transparentes y verificables, deben servir para corregir lo que se debe antes de que sea demasiado tarde.

El presidente habló de desarrollo sin crecimiento, pero no podemos obviar el dato sobre la caída en la inversión fija bruta. Ya no hay corrupción y celebramos la cancelación del nuevo aeropuerto, se dijo, pero no se mencionó el aislamiento global en el que estamos ni el hecho que muchos funcionarios están en posiciones en donde francamente no tienen ni la experiencia ni el conocimiento para poder ejercerlas con profesionalismo. Se dijo que México avanza con sustentabilidad, pero la realidad indica que la ¿política? energética le ha apostado, al menos en estos meses, a fuentes de energía convencionales, mientras que en las últimas horas se reveló que el gasto en la mitigación del cambio climático en nuestro país cayó dramáticamente respecto al año pasado.

Bien lo dijo Beatriz Paredes: el proyecto que inicia no puede perderse en la soberbia y espejismo que representa la popularidad presidencial. Las y los mexicanos que eligieron este camino, lo hicieron buscando una estrategia clara y contundente que permitiera superar nuestros problemas. Eso, en democracia, significa consolidar instituciones y ejecutar políticas públicas con rumbo; el progreso de las naciones, la verdadera transformación, pasa por compromisos cumplidos, programas con sentido e instituciones que están por encima de las personas. No la vamos a encontrar en pócimas secretas o en la voluntad de un solo individuo.

En lugar de escuchar que la oposición está moralmente derrotada, me gustaría ver a un presidente que busca acuerdos y deja atrás la descalificación contra las voces que no están de acuerdo con su visión. De eso se trata la política: encontrar pisos comunes para fundar soluciones. Con el aroma de la campaña reciente, podrá ser cierto que la percepción genera hasta ahora las condiciones para gobernar. Sin embargo, más temprano que tarde, una administración que busca realmente el bien común y el crecimiento nacional tendrá que atender los indicadores que reflejan la realidad de las cosas. Así de sencillo.

Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.