México vive momentos definitorios. En las últimas semanas, la agenda pública se ha atiborrado de sucesos que han generado múltiples opiniones, controversias y posicionamientos que reflejan los complejos momentos que atravesamos como nación. Culiacán, el crecimiento económico estancado, trifulcas en el Congreso, y sobre todo, la violencia desbordada que parece no tener fin, han delineado la conversación de las últimas semanas.
Lamentablemente, lo que vivimos es resultado de lo que, como país, se ha hecho o dejado de hacer en las últimas décadas. Los grupos delictivos se apoderaron de nuestras ciudades y pueblos, no supimos diversificar nuestra producción económica a tiempo, no potenciamos nuestra productividad cuando pudimos, y hemos vivido en un sistema político caduco que poco favorece la construcción de consensos que favorezcan, en términos tangibles, la consolidación de nuestras instituciones.
Por supuesto. El gobierno federal debe asumir su responsabilidad. El respaldo popular, no podemos olvidar, existe precisamente porque la ciudadanía confió en la posibilidad de hacer mejor las cosas. El diagnóstico sobre los problemas de México es válido, pero ahora es tiempo de ejecutar estrategias y acciones que nos permitan pensar que los añps venideros nos encontrarán en mejores escenarios, tanto social como económicamente.
Por otro lado, hay que reconocer que no todo el peso de nuestro presente recae en la nueva administración. Los gobiernos locales, los estados, las empresas, las organizaciones y principalmente, la ciudadanía en general, tenemos que ponernos las pilas y aportar para salir de esta situación. México no es un partido político, un gobierno y, por supuesto, un solo individuo. El primer paso para mejorar nuestro panorama está en ese hecho: el país, con sus retos y urgencias, pero también sus logros, lo hacemos todos.
No tenemos margen de error. Es hora de enfrentar a los verdaderos enemigos de la República: el crimen organizado, la injusticia, la desigualdad y la incertidumbre, esos males que no nos dejan explotar el enorme potencial que tenemos. En lo personal, estoy convencido que la única forma de avanzar en esta etapa de redefinición para el país, es mediante la conciliación y la unidad. Espero que nuestros líderes compartan esta convicción.