Política

México bárbaro

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  • Javier García Bejos

México terminó la semana con una tragedia más. El viernes, poco después de las ocho y media de la mañana, el país y el mundo entero nos enteramos de lo ocurrido en el Colegio Cervantes, escuela ubicada en Torreón. Un niño de tan solo 11 años de edad abrió fuego y asesinó a su profesora, para después herir a varios compañeros y finalmente acabar con su propia vida. Al leer o escuchar sobre lo acontecido, y preguntarnos sobre qué pudo provocar una pesadilla de esta magnitud, saltan detalles y se repiten patrones que no nos dejan olvidar una triste realidad: esta violencia y descomposición social caracterizan a nuestro país desde hace ya varios años.

Con el paso de unas pocas horas, algunas autoridades y ciertos personajes en redes sociales se aventuraron a culpar a los videojuegos, mencionando que el agresor era fanático de un título en especial que está enfocado en el combate en primera persona. Del mismo modo, los primeros reportes que llegaban desde Coahuila señalaban que el niño llevaba ropa y accesorios similares a los que portó Eric Harris, uno de los perpetradores de la masacre de Columbine, cuando fue grabado por las cámaras de esa preparatoria hace más de 20 años.

Cierto. Los pasatiempos y la exposición a los medios de comunicación y entretenimiento, que parecieran multiplicarse con el paso de los años, tienen un impacto importante sobre el carácter y personalidad de una persona, sobre todo a una edad tan crítica. Sin embargo, cometeríamos una irresponsabilidad tremenda si no se analizaran con detenimiento los factores más significativos y cercanos que generan este tipo de barbaries, sobre todo teniendo en cuenta que, por desgracia, las hemos normalizado porque se viven todos los días en la gran mayoría de regiones y ciudades de este país.

El nivel de violencia y ruptura social en México es descomunal. No es entendible que, por ejemplo, se tengan más del doble de homicidios en nuestro país que en Estados Unidos (36 mil contra 16 mil 200 en 2018, último año completo), considerando que en nuestro vecino del norte viven 200 millones de personas más. Claramente el problema principal no son los videojuegos, ni la apología de la violencia en el entretenimiento. El problema son las instituciones débiles, la falta de políticas públicas con rumbo y sentido, la poca seriedad que se tiene para abordar el problema de la inseguridad a nivel local y, también hay que decirlo, el poco valor que le damos en México a lo que no es propio, llámese espacios públicos, el dinero que la ciudadanía aporta para el desarrollo nacionalo en el caso de la violencia, la vida de los demás.

Sin entrar en el juego político de señalar culpables o discutir si ya tenemos o no el famoso “cambio de tendencia”, lo cierto es que nos urge encontrar soluciones no solo al problema de la violencia, sino también al reto de impulsar una convivencia sana que definitivamente empieza desde el hogar, pero se nutre también en los vecindarios, en las aulas y en los centros comunitarios. Desconozco en qué cifra vaya a terminar esta administración en cuanto a homicidios. Lo que sí es claro es que episodios como el que se vivió el viernes demuestran que hemos olvidado a vivir en sociedad, si es que alguna vez lo hicimos, y que las buenas intenciones empaquetadas como política pública no serán suficientes para pacificar a nuestro México.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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