Una pandemia se vence cuando el 60%-70% de la población se ha enfermado. En el mundo, 2.3 millones han sido infectadas y por lo menos 160 mil han muerto. La realidad es que portadores asintomáticos deben ser millones más, por lo que la primera medicina, el aislamiento social, ha pretendido dar respiro a los sistemas de salud. Para superar este episodio, la combinación de buenas noticias, un tratamiento poderoso y el desarrollo de una vacuna serán fundamentales, pero mientras tanto, no hay más: si queremos que la pandemia no acabe también con la economía, debemos superar el aislamiento y para hacerlo debemos volver a la calle, y la única manera es haciendo pruebas, cientos de miles de pruebas.
Alemania, que ha declarado bajo control la pandemia, ha realizado 1.7 millones de pruebas, a un ritmo de 350 mil a la semana. En Estados Unidos, en donde ya hay más de 700 mil infectados y más de 500 muertos diarios solamente en Nueva York, realiza 150 mil pruebas al día. En Asia, en China y Corea del Sur, el regreso al trabajo se está dando en medio de un poderoso mecanismo que divide a los que tienen que volver a la cuarentena y los que pueden volver a trabajar; la capacidad de trazar a la enfermedad es fundamental.
Podemos seguir: en Italia se aplican 18 pruebas por cada 1,000 habitantes, en Corea del Sur 10 por cada mil y en Chile 5 por cada mil; en México la cifra es de 0.2 personas por cada mil. Un enemigo invisible como el COVID exige que, para volver a salir sin riesgo de un nuevo brote, debes conocer su estado de crecimiento real y presencia en la población; si bien estamos en la etapa de reducir el radio de transmisión, lo que sigue será el gran reto de la pandemia. La ventaja que tenemos los países con las evoluciones más recientes es que podemos aprender de la experiencia de otros y tomar las mejores decisiones para salvar vidas y mitigar las afectaciones económicas.
Sin embargo, la realidad es que lo que hemos visto en los epicentros de la pandemia es un espejo engañoso de lo que se viene para nosotros. Wuhan, el norte de Italia, Madrid y Nueva York, pertenecen a países desarrollados con grandes capacidades e infraestructura sanitaria, así como mecanismos de protección que reducen los efectos de la crisis económica. Puede ser que enfrentemos situaciones complejas como en Irán y como en América Latina, donde el tamaño de la enfermedad parece ser menor a lo que es la amenaza para la economía.
En nuestras naciones, la decisión entre permanecer en casa y dejar de comer, o salir a trabajar y jugarte la vida, será uno de los muchos retos que vendrán, por lo que pareciera lógico que, para afectar menos la economía de quienes menos tienen, tendremos que acelerar el paso rumbo a la normalidad y ese pasa por las pruebas. El reto para las autoridades de salud va en aumento, y resulta escalofriante ver que el 10% de los contagiados en México son personal médico, lo que implica que el esfuerzo que debe hacerse como sociedad es cada vez más complejo.
Como ya lo hemos mencionado antes, la solidaridad ciudadana con las familias que lo necesiten será fundamental, pero más el reconocimiento permanente al personal médico y científico, quienes son los portadores de las llaves para abrir esta puerta hacia la normalidad. Éstas son su entrega y talento, las pruebas masivas y luego las vacunas; en ese orden y en esa dirección está el superar esta pandemia.
Twitter: @jgarciabejos
Facebook: Javier García Bejos