Política

En la dirección correcta

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  • Javier García Bejos

El martes pasado se conmemoró el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Como nunca antes, existe una conciencia clara de la importancia que tiene responder a los 800 millones que todavía viven con menos de 1.25 dólares al día; más allá de sus esfuerzos, están en trampas que impiden superar la pobreza. La inercia entre el bajo desarrollo económico y la dinámica demográfica de algunos países, aún genera una condición inaceptable de hambre, falta de acceso a servicios de salud y viviendas dignas.

Hoy, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, hoja de ruta aceptada por las naciones y con un destacado liderazgo de México, establecen que rumbo al 2030 tenemos que lograr resultados. El presidente Peña Nieto convirtió esta agenda en una prioridad institucional y transversal con la instalación del Consejo Nacional de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, lo que garantiza que en los años por venir el esfuerzo no será interrumpido.

Esta decisión no es menor, a la luz de la última Medición de la Pobreza publicada por CONEVAL. México avanza en una ruta alentadora: mientras que durante esta administración nacieron más de 5.3 millones de mexicanos, existió la posibilidad de que no necesariamente nacieran en pobreza extrema. Desplazamos de esa condición a 2.2 millones de personas, 4.5 millones dejaron de ser pobres o vulnerables, y por primera vez entre mediciones, cayeron al mismo tiempo las pobrezas extrema y moderada.

En otras palabras, el crecimiento demográfico pudo haber condenado a la pobreza a más de 3 millones de personas. En cambio, más de seis millones de mexicanos tuvieron movilidad social positiva, aumentando su ingreso, explicado principalmente por los más de tres millones de empleos formales generados, o bien, disminuyeron sus carencias sociales, en parte gracias a la correcta aplicación de más de 300 mil millones de pesos del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social, que representan un cuarto adicional, un piso firme o drenaje en casa.

Hay que decir que todas las carencias sociales están en mínimos históricos y por ello, la capacidad de construir a partir de esta tendencia debe ser nuestra mejor oportunidad para traducir inversiones en la erradicación de la pobreza. La expansión del Seguro Popular, los más de cuatro millones de certificados de estudios que logramos, la mitad en el marco de la Estrategia Nacional de Inclusión, o la protección de más de cinco millones de adultos mayores que no tenían pensión, son herramientas que complementan el espectro de una política social que busca que nadie se quede atrás.

En el tema alimentario, el esfuerzo de Diconsa, Liconsa, los Comedores Comunitarios y el componente alimentario de Prospera, contribuyó a que 2.8 millones superaran esta inhumana carencia; del mismo modo, uno de cada cuatro pesos se invierte en localidades indígenas y las acciones coordinadas de la Familia Sedesol permiten atender a 10 millones de mexicanos con alguna discapacidad.

Los números suelen ser fríos, pero es innegable que en estos años hemos avanzado y estamos apuntalando una política social de Estado, ajena a clientelismos, ciclos económicos o electorales. Con mayor transparencia, participación ciudadana y una mejor focalización, podemos reorientar este ejercicio de justicia social que desde el nacimiento de la Sedesol dibujaba Luis Donaldo Colosio: la pobreza no debe ser destino ni pretexto para dividirnos. Hoy estamos ante esa posibilidad, y debemos continuar caminando por esa senda que tanto alivia y genera esperanza entre los mexicanos.

Twitter: @jgarciabejos

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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