La grieta cada vez es más profunda. A ratos parece ya un abismo. Nos estamos cayendo todos juntos, nada nos detiene hacia el viaje que estamos tolerando emprender hacia la nada, hacia cancelar el futuro. La caída, ya no es más un tropiezo circunstancial, no es un momento desafortunado, es la degradación total de nuestra herida sociedad en donde lastimar a las mujeres se ha vuelto una manifestación de nuestra propia tragedia.
Golpeadas, discriminadas, abusadas, violadas, asesinadas... ¿en qué momento nos convertimos en esta sociedad en donde ser mujer es un infierno?¿A qué hora nuestras instituciones lograron que la denuncia de un delito o de una desaparición, fuera un asunto que pudiera ser burocráticamente turnado de un lado al otro? ¿Cuándo los mexicanos perdimos la capacidad de reflexionar sobre el dolor con el que estamos haciendo crecer a los mexicanos que los últimos 20 años viven viendo en la televisión la violencia convertida en realidad cotidiana? Así nuestro México; el asesinato de todos contra todos, y como telón de fondo, el protagonista de toda nuestra descomposición: la impunidad.
Se equivocan quienes piensan que aumentando las penas resolveremos algo.También lo hacen quienes a la menor provocación convierten esto en un asunto político, de izquierda de derecha, de liberales o conservadores, porque sencillamente no lo es. Este es una brutal muestra de que nuestro país está herido en lo más profundo, y que nuestra conciencia colectiva, se ha acostumbrado a olvidar a las miles de Fátimas, que nos hemos vuelto el país que está conformado viendo cómo se gesta la peor revolución de nuestra historia, contra nuestras familias, contra nuestras comunidades, contra caminar en la calle y ser libres, contra poder vivir en paz, contra poder reconocernos diversos, contra poder entender que lo mejor que tenemos nace y crece desde la mirada de las mujeres que han aportado a este país trabajo y sensibilidad para que algún día llegáramos a pensar, que aquí teníamos como valor supremo a la familia, que éramos felices porque ahí encontrábamos todo. Hoy, tristemente, ahí está la semilla de la violencia contra las mujeres.
No sé qué tengamos que hacer, no veo la agenda del país volcada en resolver este dolor, pero escucho los gritos de las mujeres, veo en su mirada determinación, siento el gran silencio que harán el 9 de marzo, quiero que pase algo que borre de mi conciencia para empezar, aquella pinta en el Ángel de la Independencia que sigue diciendo “México Feminicida”. Por lo pronto, mi propuesta, es que nunca nadie por ningún motivo sea indiferente ante lo que está pasando, que volvamos a trabajar en nuestras familias pensando que de ahí parte todo lo bueno que podemos hacer por México, y que si los políticos no entienden que a este tema hay que entrarle sin demagogia, sino con voluntad, será buena hora para dejarlos solos a ellos, unirnos nosotros, volvernos a dar la mano, y entonces, volver a ver a los ojos sin vergüenza, a las madres, hijas, niñas, a todas las mujeres de este país.