Política

Año 1

  • Ekos
  • Año 1
  • Javier García Bejos

Hoy se cumple un año desde el inicio de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador. Lo que es innegable, y a todas luces visible, es que se ha orquestado, como agenda de gobierno, un cambio de régimen y de modelo económico y político que gira en torno al presidente, quien, sin sorpresas, ha ido traduciendo su forma de pensar y su oferta política en un estilo de gobernar. El camino ha sido complejo, porque la escenografía está ahí, compuesta de dos elementos fundamentales: el presidente más votado en la historia, arropado por una popularidad a prueba de todo, y la incertidumbre que se ha convertido en un nubarrón, frenando el rumbo del país en lo económico.

El primer año de gobierno, del primer gobierno de izquierda en México, no ha sido fácil de interpretar en cuanto a sus alcances. La institución presidencial se percibe a sí misma como superior a cualquier otra institución o entidad, lo que ha mandado señales preocupantes sobre el equilibrio de poderes y la sobrevivencia de organismos autónomos. No obstante, la presidencia camina permanentemente por los pueblos del país con soltura; entre semana metódico, con la mañanera como herramienta para fijar agenda, y los fines de semana encontrándose con la gente, en el ambiente en donde el presidente se siente más cómodo.

La presidencia actual no tiene gusto por lo global ni por hacer de las relaciones exteriores un activo, por el contrario, no hay ganas de ir afuera ni recibir muchas visitas. Si acaso, los episodios de Venezuela y Bolivia han reflejado cierta prioridad, y las ganas de no confrontar con Trump parecen estrategia inamovible. El acento en lo social se desenvuelve como prioridad absoluta, pero el llamado de acompañamiento que ha hecho el presidente al sector privado ha sido cada vez más insistente. Por un lado, ha existido voluntad para acercar el modelo propuesto a las clases empresariales, pero al mismo tiempo, con cierta ortodoxia, se maneja una economía que refleja poca emoción sobre el futuro. Así, las señales han sido complejas y a veces contradictorias, pero la conducción ha sido siempre marcada por la prudencia.

El nuevo presidencialismo es más centralista, por lo que estados y municipios han sufrido ante las condiciones de los nuevos equilibrios fiscales. La seguridad, preocupación de todos, sigue siendo una tarea pendiente para la que el presidente ha pedido paciencia. En fin; el gobierno es hoy diferente, no sé si mejor o más eficaz, no sé si austero o delgado, pero empieza a enfrentar pruebas de fuego en lo cotidiano. Los retos de la administración pública son numerosos, aunque parecen tener resolución simple: nadie cuestiona la línea y la instrucción del presidente.

La fuerza presidencial, lo sabe López Obrador, puede ser el motor de cambio principal de las cosas que se tienen que corregir. La Cuarta Transformación no tiene un programa de gobierno ni una estrategia clara, pero sí tiene la capacidad instalada para, desde la mayoría, generar modificaciones trascendentales en el pacto social del país. Hago votos para que el pendiente más claro para mí, la llamada a reconciliarnos y trabajar en unidad, sea el acento de los cinco años por venir. Si el presidente lo quiere, así lo podría hacer.

Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.